Aunque la Corte Constitucional haya despenalizado el aborto en el 2006, comunidades religiosas y antiaborto trabajan diariamente para disminuir estos procedimientos. Para ellos es un error grave, pues consideran que la ley es contradictoria, pues la Corte define cual vida es la defendible y cuál no.

Según Andrea Garzón, activista y defensora de Derechos Humanos Unidos por la Vida, “no se puede defender el aborto como un derecho porque este no es considerado como tal desde ningún ámbito ya sea jurídico a pesar de que la Corte quiera verlo así, ningún organismo internacional lo reconoce como tal”, indica.

Opositores aseguran que este fenómeno lleva a la cultura de la muerte. Para Jesús Magaña – director de la plataforma Unidos por la Vida-  los fetos están siendo abortados desde las 10 semanas: “son bebés, no un montón de células deformes, es un montón de células perfectamente ordenados, una vida tan valiosa como la mía”, señala.

Magaña añade: “en un país para que no crezca ni decrezca la población se requiere 2.2 hijos por mujer fértil, si es un poquito más entonces la población tiende a crecer y si es menos, la población decrece. En Colombia estamos alrededor de 1.9 y bajando, hijos por mujer fértil, eso quiere decir que se venden más ataúdes que cunas en Colombia”.

Quienes critican el aborto, esperan que el Estado busque la manera de proteger esa vida y no hacer ver a la madre que la única solución es el aborto.

Viviana Ramírez, activista  de la comunidad Amor por la Familia, es un crimen que atenta no solamente contra una vida que está iniciando, sino que también ataca a la mujer que se ve sometida a una de las más grandes violencias que puede existir y es vivir el asesinato de su bebé dentro de su cuerpo.

Para ellos, se debe partir del hecho fundamental que toda vida importa y la salida es encontrar otra alternativa a los problemas que tiene la mamá que se siente obligada a ver el aborto como una solución.