Si por titulares fuera, Bogotá ya contaría con metro hace muchos años. La necesidad de contar con un transporte público inició una vez empezó a operar el tranvía, un sistema de transporte sobre rieles que pretendía permitir la movilidad en la capital.

Sin embargo, para Argelino Durán Ariza, presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, ese sistema tuvo muchos problemas de servicio, “inclusive la empresa que tenía ese sistema decidió retirarse y entregárselo a la ciudad y desde ahí empezó a operarlo”.

El tranvía recorrió la ciudad hasta ese 9 de abril de 1948, pues a partir de ese momento el sistema quedó totalmente destruido, fue ahí cuando se pensó en la necesidad de un transporte como el metro para Bogotá teniendo en cuenta que la ciudad se estaba expandiendo.

“Mis antecesores se habían ocupado del metro, varios de ellos habían dicho que lo construirían, pero ninguno lo logró, fundamentalmente por razones económico fiscales. Los recursos de la Nación y del Distrito sumados no pudieron financiar el proyecto”, agregó Jaime Castro.

Sin embargo, en los últimos 75 años han sido 13 los intentos serios para avanzar en la construcción e implementación del metro en Bogotá. “La gran mayoría fracasaron porque no hubo viabilidad económica por la condición del país o porque el Gobierno Nacional finalmente decidió otras prioridades de inversión y no apoyó el metro”, dice Durán Ariza.

El Alcalde que más logró avanzar fue Hernando Durán Dussan, quien abrió licitación y alcanzó a recibir diferentes propuestas para su construcción, pero no tuvo el apoyo del Gobierno Nacional y terminó cancelándose ese proceso.

“Aunque el Presidente de esa época lo quería (el metro), no tuvo el apoyo del Gobierno Nacional. Él (Hernando Durán Dussan) era muy efectivo ya tenía avanzados los estudios y la licitación pero por decisión del Gobierno tuvo que cancelarse todo ese proceso”, agregó Jaime Castro, exalcalde de Bogotá.

En pocas palabras, sanear las finanzas de la ciudad era lo que le hacía falta para proponer un proyecto tan ambicioso como el metro de Bogotá y llegaron las innumerables propuestas, modelos y ejemplos de diferentes países. En este momento Jaime Castro contrató el antecesor de lo que sería el TransMilenio, la ciudad con sus recursos se encargó de realizar este proyecto en posteriores administraciones, mientras que diferentes estudios iban proponiendo en donde sería posible construir el tan anhelado metro. Incluso se llegó a pensar en usar las vías férreas existentes.

“La avenida Caracas ya tenía casi todos los estudios, el primero era desde la calle 66 hasta la 22 sur por la avenida Caracas, y casi todos los estudios lo tienen porque podrían captar mayor cantidad de usuarios”, dice Argelino Durán Ariza.

Pese a esto y a los alcances logrados, nuevamente se pierde el sueño de tener un metro para Bogotá, pues los ojos de la Nación estaban puestos en la propuesta del metro para Medellín, el cual tuvo un presupuesto inicial de 650 millones de dólares y terminó costando 2.700 de millones de dólares, es decir, cuatro veces más del presupuesto inicial.

Años después, puesto en marcha el proyecto TransMilenio, la alcaldía de Gustavo Petro avanzó en los estudios y la definición de lo que sería el sistema metro, pero con la devaluación del dólar este alcanzó un alto costo, pues los estudios se realizaron con el dólar a un valor de 2.000 pesos y cuando se estaba consolidando el proyecto ya estaba en 3.000 pesos, lo que hizo inviable el proyecto como estaba.

Finalmente y luego de un mes de posesionarse, el actual alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, dio a conocer las fechas del proceso de adjudicación y construcción del metro de Bogotá que, según él y los estudios realizados, debería ser elevado para evitar sobrecostos.