Un grupo de profesionales en distintas disciplinas lidera el trabajo de los guardaparques que tienen a su cargo el cuidado de Chingaza. ¿Qué tanto les implica cumplir con esa tarea, cómo organizan su vida cotidiana y cómo se sienten con sus actividades?

Eduardo Niño, uno de los guardabosques del parque, explica que en el parque viven dos semanas seguidas, disponibles de noche y de día y posteriormente tienen una semana de descanso.

Este guardabosque, que lleva prestando este servicio más de 21 años, asegura que este estilo de vida conlleva mucha soledad y que su “señora” pasa a ser la montaña, por tal razón cada vez que tiene descanso procuro dedicarlos a su familia.

Así mismo señala que anteriormente solo eran 12 guardabosques en Chingaza que apoyaban todo entre otras cosas, perseguir cazadores y combatir incendios. Ahora son 60, sin embargo indica que “el trabajo sigue siendo exigente, en especial cuando lo asumen con compromiso”.

Para Niño, ser guardabosque es un estilo de vida, es entregar todo a la montaña y no es para menos, sabiendo el tesoro que depende de sus cuidados.

Manuela Cano, coordinadora de comunicaciones del parque, recuerda que Chingaza es el refugio del oso andino, el lugar en donde más han avanzado en la investigación de la especie y además el hogar de más de 167 mamíferos y 1500 especies de flora.

El sector de Chingaza es muy vulnerable, en el lugar pueden encontrarse algunas ruinas que recuerdan que en una época hubo centros de explotación minera. Por tal razón la zona puede ser objeto de abusos y son los guardabosques ellos los encargados de cuidarlo con celo.