A medida que la alcaldía de Enrique Peñalosa avanza en el cronograma para construir la primera línea del metro, las voces de sus críticos y de la oposición han salido a relucir, pues no dejan de recordar todos los días el proyecto del metro subterráneo que finalmente no se hizo porque no tuvo la viabilidad financiera por parte de la Nación.

Los opositores al metro elevado aseguran que no se contrataron estudios serios sino una consultoría que justificaba el metro elevado. Además, dicen que es una irresponsabilidad que el Distrito afirme que las tarifas de TransMilenio serían las mismas del metro porque hoy no hay estudios que lo soporten.

“La diferencia hoy es que no sabemos realmente cuánto vale ese metro elevado porque no sabemos cada cuanto van a estar instalados los pilotes que se van a construir en qué grosor, qué tipo de concreto se puede usar, no sabemos qué tipo de trenes se van a utilizar, no sabemos nada”, agregó Fernando Rojas, experto en movilidad.

Según el exgerente de TransMilenio, Fernando Rey, en todos los estudios presentados los talleres estaban definidos cerca al área de Kennedy y Bosa con espacios suficientes, por lo que afirma no entender las verdaderas intenciones de llevarían el metro hasta Mosquera.

“El consorcio modificó la situación porque se encontraron unas bolsas de gas, producto de las basuras que se dejaron ahí durante muchos años, y hoy en día vamos en Mosquera. Qué se pretende con Mosquera, qué se va a mejorar, se va a encarecer la línea”, agrega el exgerente de TM.

Otra es la opinión de William Camargo, exdirector del IDU en la alcaldía de Gustavo Petro, quien dice que la definición del metro subterráneo o elevado tendrá un impacto en los próximos 150 años para la ciudad en temas ambientales y urbanísticos.

“Si es una solución elevada con las zonas bajas serían pérdidas que hemos visto en otros metros del mundo, Medellín por no ir tan lejos, o una solución más limpia arquitectónicamente mejor trabajada, como es la solución subterránea la cual liberaría espacio de superficie que permite una mejor valorización de los entornos que van a quedar en acceso a las estaciones”, asegura William Camargo, exdirector del IDU.

Para otros el debate no sólo debería centrarse en el tipo de metro con el que contaría la ciudad sino en el compromiso del Gobierno Nacional para el desarrollo del metro.

La representante a la Cámara por Bogotá, Angélica Lozano, asegura que esa es la razón por la que la capital está retrasada en la implementación correcta de un modelo de transporte eficaz. También señala que Bogotá ha invertido más de 200.000 millones de pesos en estudios para el metro que terminan desechándose por las nuevas administraciones.

“Va a caerse en el mismo círculo vicioso de lo que ha hecho la Administración distrital, de modo que el Gobierno Nacional es súper responsable de la dilación, de la demora y le ‘pela el diente’ a todo el mundo, le pone el visto bueno a Petro, le pone el visto bueno a Peñalosa, dice qué bueno el subterráneo, qué bueno el elevado y lo dice sin ningún criterio técnico ni ninguna seriedad y lo que queda es que ya se están yendo Santos y Vargas sin cumplirle a Bogotá”, agrega Lozano.

Elevado o subterráneo, lo que más preocupa a los expertos es si algún día podrán ver el metro construido en la ciudad, pues las administraciones van pasando, los mismos debates continúan y aún no se mueve la primera piedra.