Después del partido en Montería (el sexto empate consecutivo de Santa Fe), no fue difícil imaginar un escenario complicado en el de vuelta. No fue un buen partido para los de Gregorio Pérez y sobre todo preocupaba la falta de gol.

– Señor Dios del fútbol, estamos recibiendo muchas plegarias por Independiente- dijo un pequeño colaborador.

-Tranquilo- responde con una voz gruesa y relajada- van a ganarle 3 – 1 a Libertad y van a llegar a la final de la Sudamericana.

–No, no ese Independiente señor. Independiente Santa Fe, el de Colombia.

–Mmm, ya decía yo. ¿Y qué están pidiendo?– preguntó el Dios mirando fijamente a su colaborador.

–Quieren goles– dijo algo intimidado- Quieren volver a ganar.

-No se diga más- concluyó el Dios.

Dicho y hecho. Santa Fe jugó el mejor primer tiempo de todo el campeonato. Un equipo ordenado tácticamente, explotando las bandas y agresivo en ataque. Salvo el resbalón de Héctor Urrego (y aquí debo hacer un paréntesis para recriminar la acción de Javier López en el partido de ida. Escuché a muchos preocupados por su reemplazo, pero señores un profesional es completo y lo que él hizo es propio de la lucha libre o las artes marciales. Una salvajada.) Y los últimos minutos de la primera mitad, todo fue de Santa Fe. 1-0 al descanso.

En el segundo tiempo llegaron más goles, cada uno con algo especial. El de la tranquilidad lo hizo Wilson Morelo, que volvió al gol y llegó a cinco tantos en el campeonato. Un cabezazo desde la media luna que colgó al arquero López. Un golazo. El Campín se unió en un solo grito, celebrando que su goleador había vuelto.

En dos toques, llegó el descuento de la visita. Efectivo, pero sobre todo sorpresivo pues Jaguares no había generado mucho en ataque. A pesar del gol, el partido siguió dominado por Santa Fe y en cuestión de tres minutos, sepultó cualquier esperanza del equipo cordobés.

Primero, fue Juan David Valencia que, recién ingresado, solo tuvo que desviar con la cabeza el balón para marcar el tercero. Después vino el broche de oro para cerrar una gran noche del equipo Cardenal. El último gol fue de Ómar Sebastián Pérez. Recibió un pase rasante de Anderson Plata y, de primera, definió con la zurda. El tiro fue ligeramente desviado pero logró vencer a Sebastián López por cuarta vez en la noche. (Cabe resaltar que también fue el primer balón que tocó Ómar). Así concluyó una noche mágica para el equipo cardenal.

La voz de la hinchada era una sola y decía: ¡Oe Oe Oe Oe Ómar, Ómar! El campín se rindió ante su ídolo. El que lleva la #10 en la espalda.

Y es que ese parece ser el número mágico para el león capitalino. La ilusión de hacerse con la décima estrella está latente y aunque el llamado de Gregorio Pérez es a la prudencia (lo cual está muy bien, no hemos ganado nada) es difícil no soñar con ser campeones otra vez. Sé que no soy el único que quiere ver a Ómar levantar una copa más.

Para aquellos que dudan, puedo decirles que fútbol si hay. Lo vimos el jueves. Sólo podemos esperar que el equipo siga por ese camino, el de la velocidad, el de la presión alta, el del orden táctico, el de los goles.

Ah bueno, y que ojalá el Dios del fútbol continúe de nuestro lado.

PD: Quiero hacer una mención especial a Héctor Urrego, Sebastián Salazar y Jhon Pajoy.  Aplausos muchachos, cumplieron de sobra.

¡Vamos, Santa Fe!


Por Johan Martínez