“No podía salir a la calle, sentía pánico y nunca le conté a nadie lo que me había sucedido” Así contó Natalia Espitia el  intento de abuso sexual que vivió en Buenos Aires, Argentina, donde se encontraba estudiando y trabajando. Esta colombiana decidió regresar a su país luego de dos años enterrando en silencio dicho episodio y culpándose por haber salido tarde, sola y en falda.

A sus 27 años de edad, Natalia estaba en medio de una catarsis, llena de inseguridades, vestida como no quería, en desconfianza absoluta por ella misma; hasta que un día gracias a una invitación de un amigo, decidió lanzarse a montar bicicleta.

Inició con temor, entre pedaleo y caída reflexionó del por qué pensaba y actuaba con miedo. Y por eso tomó el desafío de estar a bordo de dos ruedas. Inmediatamente su forma de ser cambió, su mirada se enfocó al disfrutar los paisajes que encontraba en pequeños recorridos del trabajo a su casa, pues para ella cada calle era una historia de vida. Hasta que un día en su ir y venir,  sin darse cuenta era una mujer libre, fuerte y empoderada y la seguridad que creía perdida, volvió.

En medio de esta transformación positiva, esta mujer de sonrisa permanente, inició un servicio social con una ONG, donde hacía investigaciones de las diferentes problemáticas del municipio de Soacha y en el barrio Cazucá de Ciudad Bolívar. Allí encontró situaciones similares a las que ella había vivido y aunque buscó diferentes maneras para fortalecer la seguridad y prevenir el embarazo a temprana edad, la respuesta siempre rodaba incrustada en un marco, al compás de un pedal.

Le advirtieron que no sería tarea fácil, que el tema era tabú, por eso ella agarró de nuevo su bicicleta, revisó los frenos, probó su cadena y encendió los motores que conducían su corazón para fundar en marzo del 2016 Niñas Sin Miedo y poder  inspirar y educar a las niñas y adolescentes para ejercer plenamente sus derechos alcanzando todo su potencial mediante la bicicleta. “Si yo puedo montarme en estas dos ruedas y pedalear de un lado a otro, estar al lado de un carro o de un hombre, yo puedo lograr mil cosas y los demás también”, afirmó Natalia.

La alegría y seguridad con la que ella habla, da cuenta de cómo las acciones pequeñas dan grandes lecciones, que atreverse a desafiar genera transformaciones.  “He buscado aliados y donantes para convertir esto en mi proyecto de vida, porque la filantropía es muy bonita, pero requiere de mucha estrategia empresarial … Esto es una locura, es un suicidio laboral (risas) y aunque yo no soy de una familia de nombre, si soy de una trabajadora  y  me doy cuenta que con la gente que uno conoce puede lograr grandes cosas”,  Recalco Natalia Espitia.

Para esta joven de piel trigueña y mirada siempre activa, hoy es un orgullo que en tan poco tiempo la Fundación Niñas sin miedo haya logrado alianzas con marcas como Nike que reafirman la necesidad de educar a través del deporte, pues según UNESCO 2,1 millones de niñas menores de cinco años se salvaron entre 1990 y 2009 debido a las mejoras en su educación.

La consigna de la Fundación es lograr por medio del deporte, transformar actitudes que fortalezcan  niñas erradicadoras de círculos de violencia y pobreza. Hay niñas que desde muy corta edad empiezan a tener novio, generalmente por presión grupal.

En Niñas sin Miedo se intenta que vivan cada etapa de su vida, terminen sus estudios y mejoren su autoestima. Las voluntarias también dan cuenta que compartir en la fundación les ha ayudado a empoderarse y aprender de cada experiencia vivida con las niñas.  Por eso, cada sábado vemos a Natalia junto a las voluntarias haciendo Bicipaseos, Biciescuela y talleres con niñas que se atreven a estar arriba en dos ruedas, expresando alegría y libertad transformando sus vidas como todas unas heroínas.

Fabián Higuera
Periodista