En diálogo con KienyKe.com, respondió estas inquietudes y aprovechó para defender su actuación en el escándalo de Odebrecht.

¿Cómo se está planeando la marcha de este 1 de abril?

Podemos decir que esta es la marcha del descontento, de la indignación. Porque es el descontento y la indignación de un país. Esto no es de un partido ni de una persona, sino de un país, contra el mal gobierno. Y esa afirmación de “mal gobierno” es comprehensiva: la corrupción que se ha incrementado exponencialmente, el desconocimiento del ordenamiento jurídico, de un presidente que ha hecho lo que se viene en gana, de la impunidad, de la inseguridad, de un gobierno que ha diseñado políticas públicas contra la familia. Una sumatoria de razones, en fin, que indignan al ciudadano.

Y todas estas se van a expresar el 1 de abril.

Todas se van a expresar. Si usted me pregunta cómo se denominaría esta marcha, podría decir “No más Santos, renuncie ya”. Porque este es un presidente ilegítimo; este es un presidente ilegítimo en su origen, e ilegítimo en su ejercicio.

¿Esta afirmación de ilegitimidad surge por los escándalos de financiación conocidos recientemente sobre las campañas presidenciales de Santos?

Él es ilegítimo en su origen porque no lo eligió el pueblo, sino dos factores: uno, que lo conocíamos, fue la intervención de la Fiscalía de la época con el sainete del ‘hacker’ Sepúlveda. Y ahora nos enteramos que lo eligió el dinero de Odebrecht, en el 10 y en el 14. Pero es ilegítimo porque se robó el 2 de octubre y le hizo conejo a la ciuadanía. Se robó la Constitución: hoy lo que rige y lo que va a regir son los acuerdos de La Habana. La dosis de ilegitimidad de este gobierno es gigantesca: nunca antes en la historia republicana había un presidente con esa ilegitimidad. La herencia de Santos es que pulverizó la confianza en la institucionalidad, y en la convivencia ciudadana.

Muchos han comparado el caso de financiación de campañas de Odebrecht con el Proceso 8000. ¿Se puede hacer esta comparación?

Esto es mucho más grave. Aquí no es simplemente la ilegitimidad que surge por la financiación con recursos ilícitos. Esta sería la similitud con el 8000: unos serían dineros ilícitos por el narcotráfico y otros por el soborno. La otra ilegitmidad que pesa aun más es la del ejercicio del mandato, que no se dio con la misma intensidad en el gobierno de Ernesto Samper. Aquí feriarion la Constitución, sustituyeron el ordenamiento jurídico desconociéndolo, legitimaron el crimen. Aquí se consolidó una alianza entre la élite criminal y la élite corrupta. Quien gobierna es el crimen y la corrupción. Por eso, recordando a Álvaro Gómez, hay que tumbar al régimen, con lo que esto implica.

Para “tumbar al régimen”, como usted dice, se presentaría en las elecciones del 2018 la alianza que impulsó el No en el plebiscito del 2 de octubre, y que saldrá a la calle este 1 de abril. ¿Ve sólida esa alianza para 2018?

Lo importante es generar una política, después se le pone un nombre que la encarne. El 2 de octubre señala una ruta, donde el banderazo fue el No. Ahí hubo una convergencia de los más disímiles sectores: políticos, religiosos, sociales, gremiales, ciudadanía en general. Hoy hay muchas más personas que pudieron no estar de acuerdo en el 2 de octubre, pero que en los temas económicos, sociales, constitucionales y tributarios coinciden en gran parte de las preocupaciones que tenemos. Entonces es necesario que haya una convergencia para poder enfrentar con éxito las elecciones del 2018.

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¿Cómo mover esa convergencia hacia la alianza que impulsó el No y evitar que se disperse hacia otras iniciativas como la consulta anticorrupción de Jorge Robledo, Claudia López y Sergio Fajardo?

Lo importante es la convergencia que generó la defensa de la institucionalidad, de la familia, el rechazo a la legitimación del crimen como forma de hacer política, el rechazo al desconocimiento de los derechos de la ciudadanía, la condena a la legitimación de la producción de coca, el rechazo al mal gobierno. Las razones del otro sector son totalmente diferentes. Lo importante aquí, como le dije, es crear una política, una hoja de ruta.

¿Y después ponerle un nombre, así no sea el de Alejandro Ordóñez?

Lo demás son añadiduras, procedimientos.

¿Usted va a marchar el 1 de abril?

Por supuesto, hay una y mil razones para marchar.

¿Dónde?

Aquí, en Bogotá.

¿Qué decirle a quienes creen que esa marcha será el lanzamiento de la campaña de Alejandro Ordóñez a la Presidencia?

Es prematuro pensar en esos términos. Como le dije, lo importante es la convocatoria ciudadana y las razones que tiene la ciudadanía para marchar. La indignación desborda los partidos. Dijéramos que está originada en el rechazo a esa herencia del Gobierno que es la destrucción de la confianza ciudadana. Lo importante es la recuperación de este puesto prioritario de la ciudadanía en la actuación política. Lo otro no es lo esencial.

¿Cómo le ha ido en sus encuentros con el expresidente Álvaro Uribe?

Muy bien, hablamos de estos mismos temas.

¿En estos mismos términos?

En estos mismos términos, sí. Puede que con más detalle, pero son los mismos temas.

¿Se ha hablado de las elecciones de 2018 en esos encuentros?

Se ha mencionado la hoja de ruta. Hablamos de desarrollar, de fortalecer, de ponerle músculo, como se le quiera decir, a esa política.

De resto, y lo demás, se le pondrá nombre en su momento. Cada día trae su afán y ese no es el tema esencial de hoy. Lo esencial es una convocatoria para que señale el norte. Para que logre, si se quiere, estrujar la sociedad. Para luchar por el bien común, para señalar que el gran problema del país es un problema moral. Cómo se le tiene que dar rumbo a la sociedad, cómo el combate verdadero de la corrupción no se da solo con la ley sino con la creación de ciudadanos con valores que se da desde la familia.

¿Cuáles son las mayores preocupaciones?

La preocupación por la entrada de un tribunal para la venganza que es la JEP, por la entrega de la institucionalidad que el presidente hizo a la guerrilla, la entrada de los dineros de las Farc en la actividad política, la concesión de inmensos territorios de las Farc en el país. También el tema tributario:  cómo es necesario crear un esquema tributario que no implique poner más impuestos. La necesidad, incluso, de vislumbrar cómo la única forma de enfrentar con eficacia la corrupción es derrotando al régimen y tumbando al régimen. Y la necesidad de modificar la Constitución, ya sea por vía de referendo o por una asamblea constituyente. Bueno, ¡hay infinidad de temas para ponernos a ver si es Pedro, Juan, o Alejandro Ordóñez! Alguien lo encarnará, que no sea un continuador de Santos: alguien que esté dispuesto a rediseñar el Estado. Esos son temas mucho más profundos y más esenciales que los particulares o los personales. Desde luego, estoy comprometido en la construcción de una ruta, con criterio.

Parece que cada día sale una pata nueva al escándalo de Odebrecht. ¿Cómo ve que se están realizando estas investigaciones desde su experiencia en el Consejo de Estado y en la Procuraduría?

Hay nuevas pruebas, que no se tuvieron en su momento. Hay que pedirle al Fiscal de hoy, al Procurador de hoy, al contralor de hoy, y al zar anticorrupción de hoy, que actúen. Que investiguen y sancionen con fundamento en esas pruebas. Si yo hubiera tenido el 10% de las pruebas que hoy se tienen, hace rato más de una ministra estuviera sentada en el banquillo en un proceso verbal.

¿La exministra Cecilia Álvarez?

No, no sé…

Es curioso que diga “una ministra” y no “un ministro”…

Fue un lapsus. Entonces, la información que hoy se tiene no la tuvo el Estado colombiano hace 7 años, entonces la autoridad de hoy debe investigar. La Fiscalía está actuando y es necesario que las autoridades actúen con las informaciones que se tienen hoy.

Esa información que se tiene hoy se consiguió con las afirmaciones de los directivos de Odebrecht en Estados Unidos y en Brasil. De no haberse conocido esas informaciones, ¿se habría podido llegar a conocer el alcance de esos sobornos?

Es una confesión. Ellos no quisieron confesar acá, allá los apretaron y hablaron.

¿Podría decirse entonces que le faltaron dientes a esas investigaciones acá?

No. Normalmente esos actos de corrupción se conocen cuando se confiesan. Acá no hubo esta confesión ante el Estado colombiano. ¿O la Fiscalía qué hizo? ¿O qué hizo la Contraloría, la Procuraduría, el zar anticorrupción? Pero hoy si hay esas pruebas, hoy sí pueden y deben actuar esas instituciones.