Este martes se cumplen 20 años del asesinato del periodista Jaime Garzón, recordado por su sátira política, sus fuertes críticas al Gobierno y su incansable lucha por la defensa de los derechos humanos.

Garzón fue asesinado el 13 de agosto de 1999, en la localidad de Teusaquillo, en su carro cuando se dirigía al medio de comunicación en el que trabajaba.

Aún no se ha esclarecido completamente el crimen. En 2016 la Fiscalía de Colombia lo declaró crimen de lesa humanidad, lo que significa que no prescribirá.

Frases como “Hay que darse la pela por la paz” hicieron que Garzón se convirtiera en una voz que abogaba por el respeto por la vida cuando el país estaba en lo más crudo de su conflicto armado.

“Creo en la vida, creo en los demás, creo que este cuento hay que lucharlo por la gente, creo en un país en paz, creo en la democracia, creo que lo que pasa es que estamos en malas manos, creo que esto tiene salvación”, afirmó Garzón en una entrevista por televisión. Declaraciones como esa lo convirtieron en un líder del movimiento pacifista y juvenil de la época.

Por los hechos, la justicia condenó al jefe paramilitar Carlos Castaño y a 30 años de cárcel a José Miguel Narváez, quien era subdirector del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), como determinador en el crimen del periodista.

Para el juez que lo condenó, Narváez actuó con dolo intenso, constantemente asedió al máximo jefe de las extintas autodefensas, Carlos Castaño Gil, para que ultimara a Jaime Garzón, y llegó al punto de aportar información y fotografías que supuestamente vinculaban al comunicador con la guerrilla.

En ese sentido, el fallo respaldó la hipótesis de la Fiscalía sobre el poder de convencimiento e incidencia que Narváez tenía sobre Castaño Gil, al punto que le fijó la idea de que Garzón Forero era “guerrillero”, enemigo de la organización y se lucraba mediante la negociación de secuestros.