"Lo de Armero fue una fatal coincidencia”, cuenta Claudia Ramírez, madre de Andrés Felipe Cubides, un niño que sobrevivió al desastre natural ocurrido el 13 de noviembre de 1985 en un pequeño municipio del Tolima. Allí, el volcán Nevado del Ruíz, que había permanecido inactivo durante 79 años, hizo erupción provocando un desencadenamiento de reacciones naturales.

Transcurría la noche de ese miércoles cuando un fuerte estruendo sacudió a los pobladores de Armero que en su mayoría ya estaban durmiendo. De las montañas miles de toneladas de una mezcla de tierra y agua bajaban sin control hacia el pueblo. En cuestión de horas 20.000 personas quedaron sepultadas bajo un espeso lodo.

Claudia estuvo en la casa de sus padres dos días antes de la tragedia visitando a su hijo que para entonces tenía 6 años, pues ella estudiaba odontología en Bogotá. Comenta que cada fin de semana viajaba a Armero para visitar a Andrés Felipe.

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Su papá era el presidente de la Cruz Roja de Armero y recuerda que ese fin de semana en medio de una celebración en un club campestre, repartieron información sobre una alerta de inundación. “Lo que pasó es que coincidió con lo de volcán, y fue una fatal coincidencia, nadie nos dijo de una posible avalancha”, le comentó la mujer a Kienyke.com.

Claudia se enteró de la noche trágica

Inmediatamente se reportó ese 13 de noviembre lo que había pasado en el pueblo, Claudia viajó en la madrugada del día siguiente.

“Yo llegué a Armero a las 6 de la mañana. Lo que vi fue algo terrible, yo no podía creer lo que estaba pasando, fuimos pocos los que llegamos hasta la entrada del pueblo, y llegamos con algunos policías y el Ejército”, relató con angustia en su voz.

“No se veía nada y empecé a entender lo que había pasado“, agregó Claudia. Admite que muchas cosas de esas primeras horas en Armero no las recuerda. El lodo, pocos escombros y un paisaje desolado es lo poco que recuerda, más la sensación de no saber nada de sus padres y de su pequeño.

La desolación la atrapó en los 10 días que estuvo buscando a sus seres queridos. “Mi familia me encuentra y me suben a un helicóptero y llego a Bogotá”, recordó.

Confirmó que su hijo estaba vivo un mes después porque un amigo suyo le comentó que lo había visto en televisión, que el niño dijo su nombre y el de su mamá, le contó el hombre.

Las esperanzas volvieron y ella salió a buscar nuevamente a su hijo en albergues y otros lugares donde habían llegado los sobrevivientes. “Era sentimiento maternal, yo sabía que Andrés no estaba muerto, yo con él tengo una conexión, hablaba con él y siempre sentía una permanente señal de luz”, le contó Claudia a este medio.

Dice que visitó muchos albergues en los que habían cientos de niños, pero su hijo nunca apareció, nadie daba señales de él, ni un nombre, absolutamente nada.

Buscó la grabación de la que le comentó su amigo pero nada, al parecer, cuenta ella, nadie cuidó esas cintas, parece que hasta grabaron encima de ellas. Una vez más su lucha se iba quedando sin aire, “el Estado ignoró nuestra búsqueda y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) no cuidó de nuestros hijos en los momentos más difíciles, al contrario los regaló, se los entregaba a cualquiera”, afirmó la madre.

“Yo llegaba con la fotico, yo tenía 22 años y me veían y me decían que yo no tenia cara de ser mamá, y siempre lo maltrataban a uno, me decían: a usted quien le dijo que su hijo sobrevivió”, dijo mientras su voz se quiebra por la impotencia que aún le genera esa situación.

El video que confirmaría que Andrés sobrevivió

Los años se iban pero el amor y la esperanza de Claudia Ramírez seguían firmes. Ya era poco lo que podía hacer, sentía a su hijo en el pecho y cada noche le enviaba por pensamiento un beso y un abrazo.

Pasaron más de 20 años, Claudia formó un hogar, se casó y tuvo dos niñas que hoy son su motor. Pero siempre guardando en su corazón a Andrés.

Un día cuando se disponía a ver un programa de televisión, empezaron a contar sobre el caso de una madre que buscaba a su hijo después de la tragedia de Armero. Ella evitaba ver ese tipo de contenidos, pues los recuerdos de ese día la marcaron por siempre, y era como revivir el peor momento de su vida.

“Ese día vi que en el programa mostraron un video y era el rescate de mi hijo, era él“, contó Claudia eufórica. Gritó y saltó de la emoción, sus hijas la abrazaron y por supuesto un llanto la ahogó en sus sentimientos.

Los único que repetía era “gracias Dios, yo no estoy loca”, una vez más la esperanza floreció y abrió un nuevo capítulo en su vida.

Este es el video del rescate de Andrés Felipe Cubides

Catarsis, una lucha conjunta por encontrar a los niños de Armero

Ver ese video le generó a Claudia una sensación que no había sentido años atrás, algo muy al fondo de su ser le decía que debía hablar, contar su historia.

“Yo asumo que lo que tengo que hacer es hablar. Iba a contar mi historia, y no solo sobre mi hijo sino la de muchos más que se perdieron ese día”.

Lo primero que empezó a ver es que su caso no era el único, muchas mujeres y padres empezaron aparecer y a contar los mismos detalles, que les habían dicho que sus hijos habían sobrevivido pero el ICBF nunca los registró.

Claudia confiesa que de los cientos de niños que ella misma vio en los albergues de municipios cercanos no hay registro alguno, es como si nunca hubieran estado allí, y se preguntaba, entonces dónde están.

“Yo misma en Estados Unidos encontré muchos niños de Armero”, argumenta y va más allá diciendo que no solo entregó en adopción a decenas de esos menores, sino que irresponsablemente se los iban entregando a cualquier persona que se acercaba a estos alojamientos.

Hoy Claudia apoya la fundación "Armando Armero" que busca apoyar el rencuentro de estas familias. Según sus cifras son 300 familias que buscan a sus hijos de los que no se sabe nada. Además tienen un banco de ADN gracias al apoyo del Instituto de Genética Yunis y con el que han podido ayudar con 5 reencuentros.

Si bien Claudia sabe que su hijo sobrevivió, aún no lo ha podido encontrar. A sus 56 años piensa en la muerte, sostiene que si se va de este mundo y no ha podido encontrarlo, sus hijas continuarán con su búsqueda, pero lo dice en voz baja como anhelando que esas palabras nunca se cumplan.

Amor de mamá, amor eterno

A pesar de que han pasado 34 años de no verlo, Claudia sigue teniendo intacta la cara de su hijo en su memoria, de hecho, cuando habla de él se le sale esa voz de madre protectora y llena de amor como si lo tuviera en frente.

“Era el niño más hermoso, muy tierno y muy amoroso. Amaba a los animales como lo hacían sus abuelos. Siempre cargaba a un perro o un gato a todos lados. Era muy feliz”.

A pesar de que lo veía cada fin de semana siempre llegaba y lo abrazaba como nunca. “Recuerdo su pelo castaño y esos ojos cafés claros“, comenta.

Dice que ahora puede que se parezca mucho a su papa. “Algunos me dicen que puede estar aquí, otros que en Italia o Israel“. Confiesa que si pudiera hacer más para encontrarlo lo haría todo.

“Si pudiera colgar un letrero en la luna, si me dan la posibilidad de llegar allá, yo voy”, exclama con un aire de sentimiento inconfundible: amor de mamá.

Si pudiera decirle algo en este momento Claudia no sería tacaña en sus palabras. “Que siempre lo estamos pensando, que nunca fue olvidado, ni regalado, fue una tragedia que nos lo arrebató y un Estado que no cumplió con su deber de cuidar de él”.

Cuando habla del Estado reniega de su ineficacia al afrontar este tipo de tragedias que hoy siguen sucediendo en Colombia. Denuncia que los niños se siguen perdiendo en tragedias ambientales y nadie responde.

En medio de la conversación pidió que se enfatizara en un mensaje: “Hay muchas familias que tienen a los niños y no les han dicho que son de Armero ni que son adoptados, ayudaría mucho que esas familias sean sinceras, digan cuál es el origen para que sean ellos quienes nos busquen a nosotros”.

En la tragedia de Armero murieron más de 20.000 personas, los cuerpos que allí fallecieron no lograron ser rescatados por lo que el pueblo fue convertido en un campo santo.

Claudia seguirá luchando por el rencuentro de familias y anhelando volver abrazar a Andrés Felipe, luego de 34 largos años o el tiempo que falte para poder encontrarlo.

Con información de KienyKe / Richard Ladino