En los años 90, había una sola palabra para expresar lo que significaba el Cartucho, en el centro de Bogotá: terror. Ahora que se cumple un año de la intervención del Bronx, el Cartucho vuelve a la memoria porque fue justo allí donde se engendró el Bronx, la ‘olla’ que se desmanteló en un operativo de película el 28 de mayo del año pasado.

En el Cartucho, en 24 manzanas habitaban 2.507 familias y más de 15.000 personas, entre traficantes y habitantes de calle que hicieron de esta zona un lugar impenetrable. Tan solo en 1996, Medicina Legal reportó 235 homicidios en ese sitio.

Hugo Acero, quien fue subsecretario de seguridad en la primera Alcaldía de Enrique Peñalosa, señala: “el Bronx era un jardín infantil frente a lo que era el cartucho, era algo micro frente a lo que era ese lugar”.

Acero recuerda el momento en el que se decidió acabar con el Cartucho. “Yo le dije al Alcalde: si intervenimos el Cartucho, se va a regar y no me dejó terminar. El Alcalde me dijo: Hugo, usted no entendió, yo no le estoy preguntando, yo estoy dando una orden, el Cartucho lo vamos a acabar”.

De esa forma se acabó con el que fue considerado el peor sitio para la degradación humana de todo el país, y que terminó abriéndole paso al parque Tercer Milenio.

Sin embargo, a menos de 600 metros de distancia del viejo Cartucho, surgieron tres calles que fueron un pedazo de purgatorio y que conformaron el ‘Bronx’. Su forma confluía en una ‘L’ y sorprendía su cercanía al Batallón Militar, el Comando de la Policía y la Casa de Nariño. Un nuevo terror se había apoderado de unas cuantas calles del centro de Bogotá, a la vista el poder politico y militar.

Germán Mejía, historiador de la Universidad Javeriana, aseguró que esta calle era parecida a la del Cartucho. La zona, convertida en la ‘olla’ más grande del narcotráfico en el país, era habitada por solo tres familias y más de 1.500 personas, entre habitantes de la calle, adictos a las drogas y al juego.

Un año después del operativo en el Bronx, el subsecretario de Seguridad y Convivencia de la Alcaldía, Jairo García, señala que por lo que encontraron las autoridades  al ingresar “era claro que las máquinas de juego una forma de lavar el dinero que obtenían a través de las actividades relacionadas con el narcotráfico”.

Los más vulnerables eran los niños, las mujeres y los adictos, quienes en muchos casos se convertían en súbditos de las mafias que imponían su ley. Los llamados ‘sayayines’ se encargaban en hacerla cumplir y, quien no lo hiciera, si tenía suerte, era castigado con una golpiza o un tablazo. Otros eran descuartizados.

“Había todo tipo de actividades sexuales, venta indiscriminada de alcohol a menores y arrendamiento del espacio público para los habitantes de calle”, anota García.

Hace un año, así como ocurrió con el Cartucho, se le puso fin al Bronx. El reto ahora es evitar al máximo que de sus cenizas surja un nuevo sitio del terror en la capital del país.

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