Dicen los expertos que los mayores actos de amor no son causa de placer, sino de dolor. La Biblia dice que el amor de Dios hacia los suyos es tan grande que entregó a su propio hijo (Juan 3: 16) y el Viernes Santo es el día de la entrega, del dolor, del sacrificio… de la mayor muestra de amor.

El Viernes Santo no hay misa. Dos o tres citas, según decidan los sacerdotes, congregan al pueblo católico. A media mañana, la procesión del vía crucis avanza por distintos sectores de las parroquias recordando lo sucedido a lo largo del camino de Jesús hacia el Gólgota, el cerro en donde lo crucificaron. Hacia las tres de la tarde, en el templo hay una liturgia de reflexión por la muerte de Jesucristo, y en ocasiones, hacia el final del día, hay un sermón concentrado en las siete palabras de Jesús en la cruz.

El vía Crucis
Aunque en general son quince momentos que sirven de reflexión sobre los mensajes que aun en su agonía envió Jesucristo, como el Viernes Santo es el recuerdo de la muerte en la cruz, solo consideran catorce estaciones, porque la última es la resurrección (vea aquí cómo se reza el vía crucis.

La historia señala que esta tradición comenzó en Jerusalén en el siglo IV en los sitios originales en donde sucedió cada hecho, pero no es claro cuándo ni por iniciativa de quién empezó. Muchos creen que empezaron a rezarlo los franciscanos, quienes tienen a su cargo el cuidado de los llamados lugares santos, e inclusive algunas versiones señalan que al principio lo consideraban al contrario de lo sucedido, es decir que empezaba en el sitio de la crucifixión y terminaba en la casa de Pilatos.
Por lo mismo, las estaciones respondían a momentos tradicionales del camino de Jesús a la cruz, pero en 1991 el Papa Juan Pablo II (hoy, San Juan Pablo II) hizo unas modificaciones a las estaciones para que respondieran a los hechos relatados en la Biblia y para que no alejara a cristianos de otras tendencias distintas al catolicismo (vea aquí el documento original en italiano sobre el nuevo vía crucis.

Por esa modificación, el vía crucis quedó con catorce estaciones que tienen soporte en los evangelios.
Y estas son las reflexiones del Papa Francisco para el vía crucis de este Viernes Santo de 2019.

Liturgia de La Pasión 

Casi siempre a las tres de la tarde, hora en la cual señalan los historiadores como el momento de la crucifixión, comienza la celebración litúrgica del Viernes Santo (que no es misa). Está llena de signos y está dividida en cinco partes: primero hay una jornada de profunda reflexión que implica que el celebrante se postra en tierra por completo; luego, la liturgia de la palabra trae a la memoria de los asistentes el anuncio del sacrificio del hijo de Dios y la narración de su muerte; después viene una oración universal que considera al mundo entero, a sus gobernantes e inclusive a quienes no creen en Dios; ingresan después un crucifijo grande al centro del presbiterio para la adoración de la cruz como “árbol de la salvación”; y termina con el tradicional rito de la comunión de todas las misas.

Los signos del día empiezan por la desnudez del altar, la falta de flores, la ausencia de imágenes en el templo. No hay canto al empezar la ceremonia y la postración del sacerdote representa un acto de humildad y adoración. Los asistentes, de rodillas, comienzan reflexionando sobre la muerte del salvador.

Al terminar este momento de profunda oración, comienzan las lecturas escogidas para el día: la primera, de Isaías, el salmo y la segunda lectura, de la Carta a los Hebreos. El evangelio es la narración de Juan sobre la pasión y muerte de Jesucristo. Este evangelio le dedica dos capítulos: el 18 y el 19. Como lo publicamos el Domingo de Ramos, la lectura del evangelio cuenta con tres lectores que personifican las palabra de Jesús, del pueblo y otros personajes, a través del relato de un narrador y se interrumpe en el momento de la muerte, para hacer un espacio de silencio y de oración.

Al terminar las lecturas, el celebrante hace la reflexión para el día a través de su homilía y luego viene la oración universal, movida por el sacrificio que hizo Jesucristo por la humanidad entera. Por eso, de forma detallada, esta oración incluye a la Iglesia, al Papa, a los gobernantes, a los judíos y a los que no creen en Dios y pide por la unidad de los cristianos.

Continúa la ceremonia con la adoración de la cruz, que inicia con una procesión por el centro del templo que se detiene en tres ocasiones para presentar “al árbol de la cruz en donde estuvo clavada la salvación del mundo”.
Y la parte final es el rito de comunión, para el cual ponen sobre el altar un pequeño mantel para recibir el Santísimo (que ha permanecido desde el Jueves Santo en el monumento). Esta parte comienza con el rezo del Padrenuestro, y al terminar la comunión no debe quedar una sola hostia consagrada porque ellas son el cuerpo de Cristo que este viernes ha muerto. Por eso, el sagrario queda abierto y sin la luz que siempre lo acompaña. No habrá consagración del pan (ni misas) hasta la celebración de la Vigilia Pascual del Sábado Santo.

Aunque puede ser parte de la homilía de esta celebración, o ser otra distinta, el llamado Sermón de las Siete Palabras. Oiga aquí el Sermón de la Conferencia Episcopal de Colombia para 2019, también hace parte de los actos del Viernes Santo, así como las procesiones que por la noche “acompañan” al Santo Sepulcro y a la Virgen Dolorosa, que realizan por la noche.

Por: Javier Giraldo Acosta