El 27 de noviembre de 1989, Gerardo Arellano, un reconocido tenor colombiano, músico, cantante y compositor, nacido en Buga, abordó un vuelo con rumbo a la ciudad de Cali, a donde ese día iba a cantar en una misa, en la que se conmemorarían 20 años del fallecimiento de su padre.

Eran las 7:00 a. m. El vuelo 203 de la aerolínea Avianca inició su trayecto en el aeropuerto El Dorado.

Extrañamente, un pasajero que había sido atendido y registrado por la aerolínea bajo el nombre de Julio Santodomingo, en la silla 15F, no viajaba a bordo. Su silla había quedado vacía.

Minutos después del despegue, el Boeing 727, que era una de las aeronaves más modernas y seguras de la época, explotó.

"Me desperté con la noticia. En la radio ponían la fanfarria de última hora, con el anuncio de que se había caído un avión de Avianca en Soacha. La noticia decía así: caído un avión. Y no se conocía muy bien lo que había ocurrido", manifestó Darío Patiño, periodista.

De aquel atentado, que tiempo después fue atribuido a Pablo Escobar, jefe del cartel de Medellín, no quedaron sobrevivientes. De las víctimas (en total 110), seis conformaban la tripulación de la nave, 101 eran pasajeros y tres transeúntes de zona rural del municipio de Soacha, en donde cayeron los restos de la aeronave.

El 89 es un año que quedó en los libros de la historia colombiana, teñido con sangre.

El 4 de julio, un carro bomba que iba destinado a atentar contra el coronel Valdemar Franklin Quintero, comandante de la Policía de Antioquia, cobró la vida del gobernador Antonio Roldán Betancur. Mes y medio después mataron a Franklin. El 2 de septiembre, con explosivos, destruyeron la sede del periódico El Espectador. El 15 de noviembre, tras el asesinato de un árbitro, se canceló el torneo de fútbol colombiano.

"El año duro del narcoterrorismo fue el año 89. Que de principio a fin fueron hechos de violencia. Los dos últimos fueron: la bomba contra el avión de Avianca y la bomba contra el edificio del DAS", dijo Jorge Cardona, editor general de El Espectador.

Justamente el 18 de agosto de 1989, el mismo día en que asesinaron a tiros al coronel Franklin en la ciudad de Medellín, ocurrió lo que hoy se recuerda como uno de los peores magnicidios de la historia colombiana reciente: fue asesinado el líder del nuevo liberalismo Luis Carlos Galán Sarmiento, para entonces candidato presidencial.

"Fue un año donde se precipitó la posibilidad de que Luis Carlos Galán llegara a la Presidencia de la República. Yo creo que fue eso lo que hizo que se tomara la decisión eficaz, eficiente, digamos, de su asesinato", expresó Juan Manuel Galán.

Fue el propio Juan Manuel, hijo de Luis Carlos Galán, quién entregó a Cesar Gaviria Trujillo, las banderas del Nuevo Liberalismo en la contienda presidencial.

Gaviria abordaría ese 27 de noviembre el vuelo 203 con destino al Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón de la ciudad de Palmira, que servía como terminal para Cali.

Sin embargo, por sugerencia del coronel Homero Rodríguez, quien para entonces se desempeñaba como jefe de Inteligencia del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), el hoy expresidente no viajó.

Según las versiones que hoy se conocen sobre la tragedia, cuando la aeronave iba a poco más de 10.000 pies de altura, una bomba explotó, encendiendo a su vez vapores de combustible de uno de los tanques, y provocando una segunda explosión que finalmente desintegró por completo el avión.

La justicia de EE. UU. que cooperó en la investigación, culpó de los hechos al cartel de Medellín y condenó en ese país a Dandenys Muñoz Mosquera, alias La Quica, a pagar 10 cadenas perpetuas.

Años más tarde, en Colombia, Carlos Mario Alzate Urquijo, alias El Arete, confesó ser el responsable del diseño del plan y el mismo Popeye declaró en un documental que el atentado fue financiado por alias El Taxista y el explosivo fabricado por El Suizo, y que su ejecución fue apoyada por agentes del DAS pagados por los hermanos Castaño.

En noviembre de 2009, justo antes de que prescribiera el proceso, la Fiscalía declaró el crimen como un delito de lesa humanidad.

Hace un año, los familiares de las víctimas del atentado al Avión de Avianca enviaron una carta a la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, creada en el marco de los Acuerdos de Paz con las FARC. En ella, le piden al tribunal que su caso sea considerado como uno de los hechos relacionados con el conflicto armado, y como tal, sea esclarecido dentro del sistema de Verdad Justicia, Reparación y no Repetición.

Dicha comisión inició sus labores el pasado 29 de noviembre. Y aunque hasta el momento no se conoce respuesta alguna de la solicitud, es importante precisar que solo serán objeto de investigación de ese tribunal, los hechos que guarden estricta relación con el conflicto armado colombiano.