La historia de la capital es fascinante: cada página, cada línea y cada hecho hacen de la ciudad una hermosa aventura literaria que refleja lo que somos como sociedad.

En los años de 1926, la ideología religiosa tenía una profunda autoridad en los habitantes de Bogotá. La idea de imaginarse una escultura que exhibiera su cuerpo representaba un hecho transgresor y quizá, para la época, poco moral.

Sin embargo, en ese año, llegó a la capital la Rebeca: una estatua que le mostraba al público de forma artística la delicada y bella silueta de una mujer desnuda.

Esta estructura fue inspirada en una matriarca bíblica y mujer de Isaac, el segundo de los patriarcas del pueblo de Israel. Un rasgo que marcó la historia de esta mujer fue que exhibía una sencillez que encantaba a cualquiera.

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Precisar quién fue su autor es una tarea difícil, sin embargo, se han popularizado tres teorías; la primera, y quizá la más atractiva, asegura que Laureano Gómez trajo a la estatua desde París, Francia; la segunda dice que fue obra de Roberto Henao Buriticá, versión que se popularizó por el periódico El Espectador y que tiempo más tarde el mismo diario desmintió por la investigación de Juanita Monsalve y, la última, indica que fue hecha por la Marmolería Italiana de Bogotá.

El monumento costó, en esa época, 500 pesos. Su conformación está hecha por dos piezas: la mujer que recibió el nombre de Rebeca y la fuente de Neptuno. Este último elemento inundó de belleza a esta obra cuando gansos y patos nadaban libremente dentro de la pileta.

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La Rebeca es un hecho que marcó la historia de la capital. Fue la primera estatua femenina desnuda en el espacio público de Bogotá. En principio, se ubicó en el extinto Parque Centenario, en un evento que tuvo la presencia del expresidente, Pedro Nel Ospina y el ex ministro de Obras Públicas, Laureano Gómez.

Actualmente el monumento reposa en el barrio San Diego, en la calle 25, entre la carrera 12 y 13. Sin embargo, hoy, más de 80 años de su llegada, la Rebeca ha sido atacada, en varias ocasiones, con la rechazable firma del vandalismo.

Una de estos hechos vandálicos provocó que la Rebeca perdiera su nariz, tras varios intentos de rehacerla con recina, el IDPC prefirió construirla en mármol con el maestro Teófilo Hernández.

Por otro lado, hace unos años, hinchas de un equipo de fútbol grafitearon uno de sus brazos. Su arreglo, además de ser costoso, deterioró el blanco de mármol original de la estatua.

Hoy, después de tantos hechos que han intentado acabar con su existencia, la Rebeca sigue viva, sigue de pie como un símbolo histórico y patrimonial de Bogotá

Por: Alejandro Ramírez

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