Casi como una respuesta inmediata al asesinato de Luis Carlos Galán Sarmiento y como una muestra del hastío generalizado frente a los hechos de violencia que sacudían a Colombia, los líderes del movimiento estudiantil de la época convocaron a un evento sin precedentes: la Marcha Estudiantil del Silencio del 25 de agosto de 1989, una semana después de la masacre en Soacha.

En una entrevista realizada en RTI Televisión y emitida el 8 de noviembre de 1989, con Germán Castro Caicedo como entrevistador, quien habló con algunos de los precursores de esta marcha, ellos mismos explicaron por qué habían decidido pasar a la acción en un momento en el que la historia lo ameritaba.

Jorge Orejuela, estudiante de la Universidad del Rosario, explicó que:

“Fueron 25 mil jóvenes caminando por la ciudad completamente en silencio, y demostraron que para hacerse escuchar no se necesita gritar, insultar, vociferar o agredir; sino que lo necesario es que haya una comisión y una conciencia de personas que libremente escogen una alternativa constructiva, pacífica y sana. Ni durante la marcha, ni en su disolución, hubo pedrea ni grafitis ni arrestados ni gases lacrimógenos. Solo quedó una gran inquietud en la opinión pública: que la marcha no se quede ahí”, explicó hace 31 años Orjuela.

Y así fue, porque esta marcha propició el surgimiento del Movimiento Estudiantil por la Séptima Papeleta, siendo claro su sentido optimista y renovador frente al atmósfera de pesimismo y corrupción que agobiaba a los colombianos.

Pero, ¿cómo es que nació la idea de una Asamblea Nacional Constituyente?

Debido a los hechos de violencia que retumbaban a lo largo y ancho de Colombia desde mediados de los ochenta, el presidente de entonces Virgilio Barco vio una oportunidad en el debate público que se impulsaba desde el periódico El Espectador para propiciar una reforma constitucional.

De esta manera quedó consignado en una carta que él mismo escribió y dirigió a este importante medio de comunicación, el 30 de enero de 1988:

“(…) someto a consideración de la ciudadanía toda, de los representantes de las ramas del poder público, de los partidos políticos, de la jerarquía eclesiástica, de las fuerzas sociales, de los medios de comunicación, la siguiente propuesta:

Que los ciudadanos, en la próxima elección del 13 de marzo, decidan mediante papeleta separada, la derogatoria o no del Artículo 13 del plebiscito del 1° de enero de 1957, que prohíbe la reforma constitucional por la vía de la consulta al constituyente primario que es el pueblo.

Si la respuesta es favorable a la posibilidad de realizar un referéndum, tendríamos una firme base jurídica y política que nos permitiría entrar sin demora a diseñar y someter de nuevo, a la soberanía popular, las nuevas formas institucionales que deben conducir a Colombia por los caminos de la justicia social y del progreso”.

Si bien Barco ya pensaba en una reforma desde 1988, los contubernios políticos, el clientelismo bipartidista y un Congreso permeado por el narcotráfico eran en el mayor obstáculo del pueblo para acceder al tan anhelado cambio.

Debido a esto, y como punta de lanza, el movimiento estudiantil propuso la inclusión de una séptima papeleta en las votaciones del 11 de marzo de 1990 para conformar una Asamblea Nacional Constituyente.

Aquellas votaciones elegirían:

  • Senado
  • Cámara de Representantes
  • Asamblea Departamental
  • Juntas Administradoras Locales (JAL)
  • Concejo Municipal
  • Alcaldes

Con la Séptima Papeleta el pueblo manifestó su voluntad de conformar la asamblea y el 27 de mayo de 1990, con las elecciones presidenciales, se les consultó nuevamente a los ciudadanos:

“Para fortalecer la democracia participativa, ¿vota por la convocatoria a una Asamblea Constitucional con representación de las fuerzas sociales, políticas y regionales de la nación, integrada democrática y popularmente para reformar la Constitución Política de Colombia?

 SÍ - NO”.

Con el 88 % a favor, el presidente electo César Gaviria dio inicio al proceso que llevaría a la construcción de una nueva Constitución Política en Colombia.

El sueño constituyente del 91 no hubiera sido posible sin los esfuerzos de los líderes estudiantiles, cientos de ellos en todas las universidades públicas y privadas del país; a algunos de ellos hoy les hacemos un reconocimiento:

Fernando Carrillo, Claudia López, Óscar Ortiz, César Torres, Alfonso Gómez, Fabio Villa, Ximena Palau, Pedro Viveros, Wilson Abraham García, Diego López, Carlos Caicedo, Oscar Guardiola, Catalina Botero, Miguel Ángel Moreno, Gustavo Salazar, Manuel José Cepeda, Francisco Córdoba, Juan Fernando Londoño, Óscar Sánchez, Pilar Chiquillo, Alejandra Barrios, Crispiniano Arrieta, Guillermo Barrera, Jesús Francisco Arteaga y Ana María Ruiz, entre otros.

¿Te gustó la segunda parte?, finaliza aquí la historia del inicio del sueño constituyente en Colombia.

Por: Felipe Laverde Salamanca

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