En Colombia se generan al menos 12 millones de toneladas de basura al año. Solo en Bogotá, diariamente, se podría llenar completamente el estadio El Campín —un escenario en el que caben 45.000 personas— con esa basura.

La ciudad produce de 6.000 a 7.000 toneladas de residuos al día, de los cuales, hasta la entrada en vigencia del nuevo esquema de aseo, solo se reciclaba entre un 14 % y el 15 %.

Históricamente, el manejo de las basuras estuvo en manos de operadores privados que se repartían el trabajo en las diferentes zonas de la ciudad. Sin embargo, en 2012, la administración de la época decidió que no abriría una nueva licitación para seguir contratando con operadores privados y creó una empresa pública que se encargaría de esa labor: Aguas de Bogotá, adscrita al Acueducto Distrital.

La nueva empresa requirió la contratación de 3.700 personas, además de la compra de camiones recolectores de segunda que costaron 80.000 millones de pesos y no funcionaron adecuadamente.

Tras una profunda crisis en el sistema, y una serie de acciones judiciales y administrativas, entre las que cuentan sanciones por más de 120.000 millones de pesos, en octubre de 2017 un fallo del Tribunal Administrativo de Cundinamarca declaró ilegal el acta que ordenó a la Empresa de Acueducto prestar el servicio de aseo.

La actual administración tuvo que replantear el esquema. La ciudad se dividió en cinco áreas de servicio y, de acuerdo a ellas, se abrió una nueva licitación en la que se establecieron requisitos claros para la prestación de servicio. La poda del césped, la limpieza del espacio público, la recolección de llantas y la instalación y mantenimiento de cestas, fueron algunos de ellos.

"El 3 de enero de este año nosotros adjudicamos la licitación. El 12 de febrero entran los 5 concesionarios nuevos a prestar el servicio en la ciudad. ¿Beneficios? Muchísimos. ¿Qué dijimos en la licitación? Vamos a tener cosas buenas para Bogotá, para los ciudadanos, para el reciclaje", dijo Beatriz Cárdenas, directora de la UAESP.

Se propuso además activar el papel de los usuarios, involucrar formalmente a los recicladores y que los operadores instalaran contenedores en puntos críticos con el fin de que los ciudadanos tuvieran un lugar para depositar las bolsas y evitar que estas quedaran en la calle, en los postes o en los andenes.

Bogotá cuenta hoy con 437 camiones recolectores de basura completamente nuevos que le sirven a la ciudad. Cada uno de ellos tiene unos horarios y unas rutas establecidas de acuerdo al sector.

"Estos nuevos vehículos son tecnología de 2.5, que son amigables con el medio ambiente. Disminuyen las emisiones de gases contaminantes y disminuyen también el consumo de combustible. También son camiones de una mucho mejor capacidad (...) son en promedio de 25 a 33 yardas cúbicas, con lo cual el numero de viajes al vertedero se reduce", explicó Rafael Ibáñez, gerente de operaciones Área Limpía - Operador Suba.

Otra de las apuestas importantes del nuevo sistema es la vinculación al proceso de recolección de los llamados recicladores de oficio.

"Es importantísimo el papel de los recicladores en este nuevo esquema. ¿Por qué? Entre más reciclemos y separemos en la fuente, y le entreguemos al reciclador una bolsa blanca como ésta, donde estamos diciendo qué tipo de material es el que debe ir aquí (...) esto ya no va a llegar al relleno sanitario, va a incorporarse en toda la cadena productiva", manifestó la directora de la UAESP.

Poco a poco, con el trabajo conjunto entre los diferentes actores del proceso, la ciudadanía ha empezado a contribuir al buen funcionamiento del esquema. El propósito es lograr reducir en al menos 2.500 toneladas la basura que llega diariamente al relleno. Es decir, que entre un 50 y un 60 % de los residuos que se originan en nuestra ciudad se conviertan en material reutilizable.