El circo ha difuminado algunos oscuros e injustos episodios de Bogotá con pinceladas de arte que hacen una lectura divertida sobre la creatividad humana y la inteligencia animal.

La obra detrás de estos espectáculos ha sido responsable de varias líneas y, por qué no, de capítulos enteros que componen nuestras anécdotas del pasado. Aquí se desempolvará la página de la primer muestra de circo que tuvo Bogotá.

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La llegada de este fenómeno artístico buscaba, más allá de fomentar la actuación entre personas y animales, promover los valores profesionales que hay detrás de cada espectáculo.

Por fortuna, la capital con sus ciudadanos recibieron con brazos abiertos a las artes escénicas y se dejaron seducir por su magia. Para el año de 1831, por primera vez, llegaba el formato del circo a deleitar a los ciudadanos.

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El pionero en dejar con la boca abierta a los bogotanos fue el Circo Stepson and Hardy, un equipo pequeño de artistas que, en medio de una profunda sencillez, arreglaban las tardes de los capitalinos con la narración de una historia escénica que incluía animales.

Una carpa, en medio del corazón de Bogotá, con pocos trabajadores, no tardó en convertirse en el sitio favorito de las personas de la ciudad y de sus municipios cercanos.

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Con una trayectoria corta, se teoriza que menor a 2 años, este circo colaboró con la escena teatral bogotana y logró robarse el corazón y la sonrisa de decenas de personas que asistían a sus funciones, sin falta.