El sábado tuve la oportunidad de acompañar a los niños y a Flor en una sesión de yoga en un festival de Economía Circular. Fue enriquecedor conocer también cómo esto se integraba al reconocimiento del espacio (que era una casa de patrimonio arquitectónico de la ciudad) y cómo la presencia de las madres que acompañaban a los niños resultó tan importante para que ellos se sintieran libres y orgullosos de su práctica.

Por: Lina Salas Ramírez

Flor Martínez Rojas, conocida también como @magicflowyoga, es una profesora de yoga integral de la escuela Sanarte-Santosha Chile, arte terapeuta de Espacio Sagrado Chile, terapeuta ocupacional de la Universidad Metropolitana de Barranquilla; creadora y gestora del proyecto Yogarte que se desarrolla especialmente en áreas rurales del Caribe colombiano y que lleva a itinerar a Bogotá y otras ciudades del país y el mundo.

A propósito del Día del yoga, el 21 de junio, quisimos compartir a través de su experiencia, el valor del yoga desde la infancia y para las familias. Esta es su entrevista:

  1. ¿Por qué es bueno practicar yoga en la infancia?

    El yoga es beneficioso para la infancia porque evoca una cantidad de elementos que hacen al ser humano en todas sus etapas ser más consciente tanto del movimiento físico como del movimiento de sus emociones. El yoga es un elemento sanador y terapéutico, preventivo, incluso medicinal.

  2. Según tu experiencia, ¿cómo reciben los niños/as estas actividades? ¿Qué les gusta? ¿Qué les es difícil o fácil?

    Los niños reciben las actividades de manera formidable. Por lo general es un acercamiento muy instintivo el que se realiza porque el yoga está basado en animales, arquetipos de la naturaleza; movimientos que el ser humano desarrolla naturalmente. Lo reciben muy bien por ser una actividad a través de la cual se mueve el cuerpo; se sale de un estado de quietud (por ejemplo en una escuela, en su silla o su pupitre) para ponerse en conexión con su corporalidad y su mente a través de actividades que incluyen la motricidad gruesa y la motricidad fina; lo cual hace que cognitivamente el cerebro esté muy despierto y que ellos lo reciban con tanta alegría. Es incluso una muy buena manera de iniciar una clase en la que van a obtener nuevos conocimientos y abrirse al aprendizaje de otras disciplinas o ciencias. Mover el cuerpo es crucial.

    Por lo general hay niños y niñas que tienen más desarrollada la fuerza o el equilibrio y es en ese descubrimiento personal y grupal que se presentan los desafíos que les llevan a conectar con esa paciencia que todos y todas debemos desarrollar. Cuando tienen dificultades no es más que la práctica lo que lleva a concretar y mejorar sus movimientos y posturas, y lograrlo les proporciona mucha motivación y disfrute.

  3. ¿Cómo se combina el yoga con el arte? ¿Para qué?

    El yoga conjuga perfecto con el arte. Desde la perspectiva de mi proyecto como @magicflowyoga, que además ha sido una creación en comunidad, se mira desde una perspectiva de amplio espectro, arteterapéutica, que integra muchos elementos creativos. A través de una gran paleta de actividades se pueden utilizar las distintas herramientas, muchas de las cuales ellos ya reconocen, en pro del cuidado emocional, mental y físico que los seres humanos merecemos desde la infancia.

    Combina perfecto con el arte porque es una manera de abordar y poder llegar a los distintos gustos. Como seres humanos tenemos diferentes intereses y ya desde la infancia descubrimos y manifestamos nuestras preferencias, y al integrar diversas actividades y disciplinas permitimos que el niño o la niña preste más atención dentro de la clase, se conecte mucho más y sea capaz de recibir los beneficios de las diferentes actividades. Por ejemplo: en una sesión podemos jugar también a dibujar las posturas, a crear figuras con barro, a explicar lo que hacemos representando como en un juego teatral las situaciones de la naturaleza; así mismo expresarlo desde la danza.

  4. ¿Cómo es la experiencia de llevar a una comunidad rural esto que podría parecerles lejano o ajeno?

    La experiencia ha sido enriquecedora. Llevar el yoga y el arteterapia, así como distintas prácticas que pueden ser vistas como alternativas u holísticas a espacios rurales ha sido una exploración, mejor dicho, sociodemográfica, a través de la cual he encontrado junto a ellos y ellas muchísimas afinidades y sobre todo he sido yo quien aprende de su sabiduría. Es algo que, para mi propia fortuna, empecé a hacer desde muy joven, alrededor de los 15 años, y al plantear esto desde la perspectiva del arteterapia y el arte de vida, hemos compartido la oportunidad de integrar las actividades en la naturaleza espontánea del ser e incluir todos los elementos: el fuego, el aire, la tierra, el agua... lo cual conlleva saberes ancestrales.

    Llevar esto a comunidades recónditas de las zonas rurales, donde hay menor acceso a la tecnología y cuyos valores y principios están estrechamente ligados a la tierra y los saberes instintivos y naturales, traerles este arte de vida tan primitivo y tan primordial es encontrar que todo eso que quizás tiene un nombre especial dentro del yoga no son más que los movimientos que podemos realizar de manera natural al observar a los animales, seguir la dirección del viento, adquirir la capacidad de concientizarnos del aire que respiramos y valorarlo; tomar conciencia de la tierra que nos brinda los alimentos que consumimos al ararla, trabajarla con amor; así como de los cuerpos de agua y su importancia para la vida.

    Traer el yoga a las zonas rurales es traerlo a la práctica y al terreno mismo que pisamos. A veces cuando dicto clases en las ciudades debo llevar fotos y otros tipos de ejemplos, pero en el campo y los pueblos está todo a la mano, al alcance de la vista, y ha sido hermoso resignificar mi propia disciplina, dejando de lado esas necesidades que hemos ido sumándole con el tiempo y la profesionalización (bandas elásticas, ladrillo de foamie, esteras), para trabajar con lo que hay, lo que tenemos y lo que nos conecta con nuestra naturaleza; que es el verdadero significado del yoga y que en la infancia podemos comprenderlo con tanta sencillez.

  5. ¿Qué tan frecuente y por qué o para qué recomiendas que los niños hagan yoga?

    Recomiendo que practiquen sesiones de yoga completas y con una guía especializada unas dos o tres por semana para irlo integrando como parte de la vida. No solo en las posturas sino en nuestras formas de tratar, convivir con otros y vivir nuestras emociones.

    Como práctica diaria (para los niños y niñas, y para todos, por lo cual es ideal y necesaria la compañía de los padres o cuidadores) recomiendo que a diario se realicen estiramientos conscientes al despertarse y antes de ir a dormir.

  6. ¿Qué crees que pensaría la Flor niña sobre hacer yoga en sus días?

    En mi infancia tuve acceso al yoga de una forma tradicional y lo vi como algo que hacían los adultos y requería mucha disciplina; importante, sí, pero no necesariamente divertido. Pero si hubiera encontrado quien me lo enseñara como arte de vida y desde una perspectiva más lúdica, dinámica, práctica y tangible, hubiera sido muy muy divertido y chistoso para mí.

    Si fuese la Flor niña en una clase en la que se enseña a través de la risa, el juego y la libertad de ser, estaría muy feliz.

  7. ¿Qué le dirías a los padres sobre este tema en general? Sobre la práctica de yoga en la infancia.

    Les invito a que lo practiquen desde sus hogares, desde los lugares que puedan, ojalá con una guía que les brinde las herramientas para irlo explorando también en lo intuitivo y lo diario. El yoga es muy importante porque es un sistema terapéutico y preventivo tanto para la salud mental como la física; ayuda a mantener las articulaciones sanas, el metabolismo sano, los pensamientos más positivos, y ayuda a entender que las emociones pasan.

    Sobre la práctica del yoga en la infancia resaltar que ayuda mucho también a fortalecer la concentración y la atención; ayuda a ser mucho más creativos, a vivir desde la propia esencia y no dejarnos afectar por daños que puedan venir de otras personas o del exterior porque hallamos nuestro balance y podemos discernir antes de prestarle atención a comentarios, a lo negativo que pudieran hallar por ejemplo en los medios (ahora que tienen tanto acceso a la tecnología), incrementando su capacidad de voluntad en los procesos que viven a lo largo de las diferentes etapas de la vida.

Muchas gracias a Flor por compartirnos esta experiencia, ¡y que sigamos moviendo el cuerpo, la mente y las emociones! Feliz día del yoga. 

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