En varios tuíts, Julian Assage, fundador de Wikileaks, ha dicho que Hilary Clinton estaría “ayudando discretamente” para que el vicepresidente Mike Pence tomara las riendas de la Casa Blanca, pues, para Clinton, él podría ser más fácil de derrotar.

Muy poco tiempo después, Pence, en una entrevista radial, calificó los trinos de Assange de absurdos y ofensivos. Sin embargo queda en el aire la idea de por qué, quien sobresale como posible candidato para remplazar a Trump, en caso de un hipotético golpe de estado, sea precisamente uno de sus más cercanos funcionarios: Mike Pence.

En un país con una democracia tan sólida como la de los Estados Unidos, un Golpe de estado parecería una posibilidad, más que remota, casi que imposible. No obstante, periodistas y expertos de ese país se han arriesgado a contemplar esa posibilidad, en vista de las polémicas y la inestabilidad que ha generado el ascenso al poder del magnate.

“Trate de imaginar, entonces, una situación en la que Trump ordene a los militares hacer algo estúpido, ilegal o irracional. Algo tan peligroso que ponga en juego la vida de los estadounidenses y la seguridad del país. (El ex rival de Trump para la nominación presidencial republicana,

Marco Rubio, dijo que Estados Unidos no podía confiar “los códigos nucleares” a un “individuo errático”.) Ante la oposición de sus jefes militares, Trump podría reconsiderar y retroceder. Pero, ¿y si no lo hace?”, escribió James Kirchik en Los Angeles Times.

“En ese caso, nuestros hombres y mujeres militares, que juran defender la Constitución y una cadena de mando civil, se verían obligados a elegir entre obedecer la ley y servir a los deseos de alguien que ha expresado abiertamente su absoluta falta de respeto por ella”, continuó el periodista.

¿Y por qué Pence como opción?

En repetidas ocasiones, el ahora vicepresidente ha expresado su afinidad con una línea más dura en las relaciones internacionales de su país, especialmente con Rusia. Esa es una de las banderas del Partido Demócrata, ahora en la oposición. Si es que se puede decir que en Estados Unidos haya “oposición”. Incluso se ha llamado a Pence como un “halcón de guerra, feliz de hacer el trabajo que Hillary Clinton quería hacer”.

“Dentro de una administración que se caracteriza por varios centros de poder, Pence debe navegar complejas políticas internas mientras que sirve a un presidente que tiene una visión no convencional de la política exterior y el papel de los Estados Unidos en el mundo —escribió Josh Rogin en el Washington Post—. Pero la creciente influencia de Pence en la política exterior es cada vez más evidente. El vicepresidente se desplegó a Europa el mes pasado para tranquilizar a sus aliados de que Estados Unidos seguirá comprometido con alianzas como la OTAN, a pesar de los llamados del presidente Trump a los europeos a pagar más por la defensa común”.

Por otro lado, a finales del año pasado, un artículo, también del Post, insinuó que “tenemos un aparato de inteligencia que ha aumentado su poder autónomo, de tal manera que ningún presidente se atreve a intentar controlarlo: Esto está más allá del debate. Ahora vemos cómo se opone a un presidente que se propone limpiar del camino la narrativa del miedo y la animosidad, de la que depende este aparato”.

Esa perspectiva indicaría que se estaría gestando un golpe de estado en el seno de organizaciones gubernamentales, especialmente de inteligencia, junto con algunos opositores, por la “personalidad errática” de Trump. El peligro que significarían sus actos para la “seguridad nacional”, también sería una razón. Mike Pence podría ser, entre otros, uno de las opciones posibles.