Alberto Linero, el cura samario que gracias a su particular forma de predicar se hizo muy popular entre los católicos colombianos, sorprendió al país el pasado 5 de septiembre, día en el que anunció que dejaría de ser sacerdote.

La razón de esta decisión la dio el mismo padre en el tono claro y directo que lo ha caracterizado, se cansó de estar solo, se cansó de la soledad.

“Me mamé de cosas, así de simple. Me mamé de la soledad. Me cansé de esas cosas”, aseguró Linero.

Precisamente la soledad y el no poder llevar una vida en pareja es lo que ha llevado a varios religiosos a colgar la sotana.

Hombre partero por tradición familiar

¿Qué no caben los hombres en ciertos roles? Este partero busca que se revalúen las concepciones masculinas. Más historias en www.conexioncapital.co

Publicado por Canal Capital en Domingo, 16 de diciembre de 2018

Colombia es en su mayoría un país católico. Se calcula que hay alrededor de 44 millones de fieles distribuidos en cerca de 4.100 parroquias.

¿Qué tan solos están los curas?

La gran mayoría de católicos colombianos conocen a la Iglesia y cómo está conformada, pero muy pocos feligreses saben realmente sobre la vida de los hombres que deciden dedicarse al sacerdocio.

Para Fabián Salazár, teólogo, el compromiso de un hombre para seguir dentro de la Iglesia Católica no está relacionado con tener pareja.

“El tema no es que los sacerdotes se casen o no, el asunto es que pueda cumplir la misión de para lo que vino que es ser otros cristos, la esperanza. El ejercicio del sacerdocio es el del amor, el estar enamorado de Dios”, indicó el teólogo.

El sacerdocio es una actividad que requiere de absoluta disposición pues sus tareas evangelizadoras y sus funciones como representantes del catolicismo necesitan tiempo y dedicación.

“Nuestra vida, es una vida de entrega, de disponibilidad y de servicio. No estamos en la Iglesia para los honores ni para el protagonismo”, manifestó el padre Mauricio Uribe.

En Colombia hay cerca de 8.400 sacerdotes, y 13.000 monjas, esto quiere decir que, por 5.300 devotos, uno de ellos ha recibido el llamado de Dios.

“La llamada al sacerdocio es un don. Es una llamada que en dado momento de nuestra existencia sentimos la mano de Dios, que nos indica el camino para entregar nuestra vida, nuestro corazón completo a Dios para servir a la comunidad”, expresó el padre Uribe.

Pero esa entrega en ocasiones puede no ser suficiente y pueden llegar las dudas que tienen como origen diversas motivaciones.

“Cuando Dios es todo y te llena, magnífico, pero cuando la experiencia de Dios no te llena, sino que ha llenado otras cosas, se empieza a sentir que no es suficiente Dios”, dijo Fabián Salazár, teólogo.

Andrés Arango tiene 30 años, fue sacerdote. Dice que entró al seminario como una forma de separarse de la sobreprotección de su mamá. Y sí, se preparó, se enamoró de Dios y se volvió cura. Pero con los años, este enamoramiento lo llevó a cuestionarse y a sentir otras cosas que empezaron a moverlo, a inquietarlo.

“Hay un momento en el que nosotros debemos estar juzgando nuestra conciencia y si es ese el camino que queremos en nuestras vidas. Es un camino de soledad, de negarse a sí mismo y de negar muchos privilegios”, aseveró Arango.

Según este exsacerdote, algunos de los aspirantes a curas llegan al seminario huyendo de problemas personales o familiares. Andrés fue uno de ellos. Indicó que fue un proceso largo, de llanto y largas conversaciones con Dios. Tuvo rabia con él mismo por haberle fallado, pero sobre todo, por darse cuenta de que esa soledad que llevaba desde niño, no la había curado el camino de cristo.

En el silencio, Andrés se dio cuenta de que su verdadera vocación iba más allá de prestarle un servicio a la Iglesia y entregarle su vida, su vocación era estar al lado de una mujer.

“Después de varios años me di cuenta que quería una familia y Dios sabía, simplemente él se valió de este tiempo en el seminario para que yo creciera y pudiera entender muchas cosas”, puntualizó Andrés Arango, exsacerdote.

Él decidió colgar la sotana para darse la oportunidad de vivir el amor en pareja, seguir descubriendo el amor de Dios, pero por medio de una familia que él mismo pudiera construir, pero este tampoco fue un camino fácil. El proceso de duelo, de conectarse nuevamente con una vida civil a la que ya no pertenecía, le costó.

Andrés, después de todo y ante la dura oposición de su madre, se fue de la Iglesia, se casó y hoy en día tiene dos hijas. Es feliz, y dice que Dios un día lo invitó a entrar al sacerdocio, pero también lo invitó a salir.

La Iglesia Católica defiende el celibato, pues representa la entrega total, la satisfacción permanente de vivir por y para Dios, además de ser un requisito fundamental para ordenarse sacerdote. El papa francisco ha expresado sobre este tema que el celibato no es un dogma de fe sino una norma de vida para los sacerdotes.

En el mundo hay otras comunidades como la Iglesia Católica de oriente, los anglicanos o los luteranos que permiten que sus sacerdotes se casen y esto para muchos, admite servir de una manera más honesta a la comunidad.

María Claudia Ossa es hija de un exsacerdote que también colgó la sotana por amor. Su padre ingresó al seminario muy joven. Pertenecía a una familia antioqueña muy conservadora, tuvo cinco hermanas que fueron monjas, y él, el único hombre, no tenía un destino diferente al de convertirse en sacerdote. Pero en su labor educativa se enamoró de una estudiante y no tuvo otra opción que aceptar que quería cambiar su vida.

“Él se casa con ella sin que tuviera el permiso de Roma, entonces su matrimonio se lo anulan y él vuelve y se casa con mi mamá, y faltando dos meses para su fallecimiento, después de una enfermedad que lo postró en la cama, pidió que volvieran a casarlo con mi mamá. Ese fue amor del puro, el amor de la vida”, dijo Ossa.

María Claudia vivió el duelo por la muerte de su padre con Dios, hoy en día después de muchos años, se cuestiona, a raíz de la vida de su padre, lo que ocurre en la Iglesia.

“Tengo la posibilidad de comparar. Un pastor por ejemplo tiene su familia, y por eso lo siento facultado para acompañar a una familia en una crisis. El sacerdote hoy no tiene esa opción, son seres humanos que sienten. Por eso el celibato está mandado a recoger, por eso muchas personas nos la pasamos yendo y volviendo de la Iglesia y perdiendo la confianza en el catolicismo”, expresó.

Para ella, los sacerdotes no han sido preparados para formar familias, razón por la cual no entiende cómo ellos predican lo que no han podido vivir.

“El mundo ha evolucionado, cada día cambia en diferentes aspectos, pero la Iglesia Católica, a pesar de las múltiples deserciones y una considerable disminución en los ingresos al seminario, no ha cambiado y sigue manteniendo la misma ideología de hace décadas en cuanto a los sacerdotes”, aseguró María Claudia Ossa.

Más allá de las historias de amor que llegan de repente a la vida de estos hombres que deciden entregar su vida a Dios, el verdadero interrogante que queda es, ¿en algún momento la Iglesia Católica replanteará el celibato?