Imagen: Christian Escobar Mora - Agencia Anadolu

La historia del Ejército de Liberación Nacional (Eln) en sus 54 años de existencia, está plagada de delitos atroces, de terror, asesinatos, secuestros, extorsión y daños a la infraestructura petrolera con 1.047 ataques al oleoducto Caño Limón Coveñas desde cuando se construyó hace 30 años y el asesinato de por lo menos 10.000 colombianos entre civiles, militares y policías.

En el recorrido por la vida de este grupo armado ilegal se destacan también las purgas internas con ejecución de militantes de sus propias filas y la compleja estructura de mando horizontal que dificulta la dirección desde la cabeza de la organización hoy en cabeza de Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”.

El atentado contra la Policía de Colombia en el corazón de su escuela de formación, la Escuela de Cadetes General Francisco de Paula Santander, ha recibido el repudio del mundo entero y tiene a esa guerrilla arrinconada y con todas las puertas cerradas para avanzar en búsqueda de un acuerdo. La orden presidencial es combatirla sin descanso.

“El ataque contra la Escuela de Policía fue un acto de irracionalidad suprema. En primer lugar, porque en una academia, una escuela, están jóvenes estudiantes que no hacen parte de un cuerpo de armas; no son muchachos que estén preparados para la guerra ni están en un campo de batalla. Son absolutamente intocables”, así lo dijo Pablo Beltrán, guerrillero del Eln, en entrevista con varios medios de comunicación el mismo día del salvaje atentado a la policía.

Inspirados en Castro y el Che

En 1964, justo al inicio del gobierno de Guillermo León Valencia, siete jóvenes -quienes residían en Cuba becados por el gobierno de Fidel Castro- conformaron la “Brigada Pro Liberación José Antonio Galán” integrada por Fabio Vásquez Castaño, Ricardo Lara Parada, Víctor Medina Morón, Heriberto Espitia, José Merchán, Luis Rovira y Mario Hernández. Al año siguiente el 7 de enero de 1965, ya en Colombia, 20 hombres se tomaron la población de Simácota, Santander, en la que asaltaron la Caja Agraria, el estanco, la agencia de Bavaria y la droguería y asesinaron a tres soldados y cuatro policías, en la que se constituye la primera ‘toma guerrillera’ y el bautizo a sangre y fuego del grupo armado ilegal: el Ejército de Liberación Nacional, Eln.

Movidos por el juramento pronunciado cerca de dos siglos atrás por el líder de los Comuneros, José Antonio Galán, se habían comprometido con luchar contra la opresión al pueblo por parte del capitalismo con la frase “Ni un paso atrás, siempre adelante”, a la que le agregaron “Liberación o muerte.”

El líder de la acción contra el pueblo santandereano fue Fabio Vásquez Castaño, alias “Carlos Villarreal”. Un joven de 26 años hace que con esta acción el grupo subversivo salga a la luz pública como movimiento armado. Vásquez lee en la plaza del pueblo el ‘Manifiesto de Simácota’ en el que señalan que su lucha es contra el gobierno de Guillermo León Valencia y a la oligarquía colombiana y por primera vez dan a conocer el nombre del grupo armado ilegal: “Nosotros, que agrupamos el Ejército de Liberación Nacional, nos encontramos luchando por la liberación de Colombia. El pueblo liberal y el pueblo conservador harán frente juntos para derrotar a la oligarquía de ambos partidos.”

En los años 60 se unieron al grupo armado cuatro sacerdotes, uno colombiano y tres españoles. Son ellos Camilo Torres, quien introdujo la fusión entre el catolicismo y el marxismo en la lucha, en lo que se conoció como la Teología de la liberación, falleció en 1966 en una toma sangrienta en la que participaba. Los españoles Domingo Laín, José Antonio Jimenez y Manuel Pérez quien más tarde comandó el Eln hasta su muerte en 1998.

En 1973 la organización fue prácticamente desintegrada, tras una operación militar llevada a cabo en el municipio antioqueño de Anorí, que dejó a la comandancia del Eln dispersa y aislada en la zona del río Nechí, en el Bajo Cauca, al punto que tardó casi tres meses en reunirse de nuevo para reorganizarse (Harnecker, 1988). Así lo reconoció el propio Manuel Pérez, sacerdote español, fundador y máximo jefe del Eln hasta su muerte ocurrida en febrero de 1998.” Fundación Ideas para la paz, FIP.

División interna

En 1974 Fabio Vásquez viajó a Cuba de donde nunca regresó a las filas del Eln, después de sufrir una gran derrota en la toma de Anorí en Antioquia, (agosto de 1973) a manos del ejército, que dio de baja a sus dos hermanos Manuel y Antonio y al cura español Domingo Laín. Su salida estuvo precedida de ejecuciones ordenadas por el de varios de los integrantes de la cúpula del Eln, en quienes veía enemigos con ansias de poder y de desbancarlo. Víctor Medina Morón, Julio César Cortes y Heliodoro Ochoa, fueron ejecutados "por supuesta traición a la causa guerrillera", el 22 de marzo de 1968.

De una de esas ejecuciones se salvó “el Cura Pérez”, por petición de los guerrilleros que abogaron porque se le perdonara la vida pues se sentían atraídos por su liderazgo y las ideas de la Teología de la Liberación que promulgaba. Los ejecutados eran amarrados a un árbol donde permanecían toda la noche y fusilados en la madrugada.

Las historias del terror que Vásquez impuso en las filas del grupo se repiten al revisar los documentos que dan cuenta de la vida del guerrillero, que es considerado como uno de los jefes subversivos más sanguinarios dentro de las filas de los grupos armados ilegales en el país.

El guerrillero Ricardo Lara Parada fue capturado y los elenos sospecharon que estaba colaborando con los cuerpos de seguridad en contra de la organización y que la captura de su líder estaba cerca, entonces se habló de la necesidad de un replanteamiento en el mando y el español Manuel Pérez ascendió a la comandancia del grupo en 1982.

Con plata de las petroleras

Las zonas por donde se ha movido el Eln desde su creación son Arauca, Sur de Bolívar, Catatumbo, Chocó, Norte del Cauca y Nariño. En los años 80 arrancó uno de los capítulos más largos de extorsión contra las petroleras, entre ellas la compañía alemana Mannesmann, qué construyó el oleoducto Caño Limón Coveñas y que fue pionera en alimentar las arcas del grupo armado con grandes cantidades de dinero, para que les permitieran terminar la obra, lo que le valió el repudio del país por implantar una práctica que le ayudó al grupo a crecer y a sostenerse.

El petróleo de “Caño Limón” y “Cravo Norte” en el Departamento de Arauca, se constituyeron el centro de la acción delictiva de esa guerrilla, con las operaciones del Frente Domingo Laín, que es el inspirador de la explotación de las petroleras y la voladura de extensos tramos del oleoducto. Según cálculos de la época, aun cuando nunca se sabrá la cifra exacta, esa guerrilla habría recibido de las firmas extranjeras cerca de 70 millones de dólares entre 1982 y 1986.

Otra de las fuentes de ingresos fue el secuestro de ganaderos, comerciantes, entre otros y según cifras de la Policía Nacional, entre 1985 y 2015 el Eln secuestró a 6.720 personas. De ellas habrían muerto en cautiverio al menos 148.

En los últimos treinta y siete años cerca de 10 personas han sido víctimas de las acciones criminales del Eln como el secuestro, asesinato selectivo, masacres y daño a propiedades privadas y del Estado colombiano.

Entre el 7 y 14 de mayo de 1988, el grupo logró movilizar a más de 120.000 campesinos del nororiente del país, en un paro armado que a pesar de sus dimensiones los grupos campesinos fueron desapareciendo para morir, muchos de ellos años después, a manos de los paramilitares de Carlos Castaño, el líder fundador de las AUC quien poco a poco logró desplazarlos y arrinconarlos en las zonas antes controladas por los elenos. Entre ellas una de sus principales bastiones, Barrancabermeja.

El objetivo no es la paz
Mientras grupos armados ilegales como el M-19, el Epl, las Farc, el Quintín Lame, entre otros, han firmado acuerdos de paz con distintos gobiernos, con el Eln no ha sido posible llegar a acuerdos. Los intentos arrancaron con la administración de Belisario Betancur y posteriormente con la de Virgilio Barco y en 1991 con el gobierno de César Gaviria lograron definir una agenda que fue traicionada por el grupo tras volver al secuestro.

Bajo los gobiernos de Belisario Betancur y Virgilio Barco comenzó la exploración de una salida negociada al conflicto armado. Desde 1991, el gobierno de César Gaviria y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (Farc, Eln, Epl, que no habían aprovechado la oportunidad de paz que ofreció la Constituyente), realizaron dos series de reuniones en Arauca y Caracas y alcanzaron a definir una agenda que el Eln interrumpió con el secuestro del expresidente del Congreso, Carlos Espinosa, autoría que admitió desde la cárcel una de las cabezas del grupo Francisco Galán.

Con César Gaviria se llevaron a cabo los diálogos de Tlaxcala en México, que no llegaron a nada. Entre 1995 y 1996, durante la administración de Ernesto Samper se planteó la posibilidad de instalar una mesa en Alemania, liberar secuestrados e interrumpir el fuego, pero no se logró. El Mandato Ciudadano por la Paz, la Vida y la Libertad, con 10 millones de votos obtenidos en elecciones de 1997, dio una nueva posibilidad de dialogo con los elenos, en 1998 se frustró la realización de la Convención Nacional pedida por el ELN, para acordar cambios estructurales. Los impedimentos entre otros fueron la muerte de su jefe máximo Manuel Pérez.

En 1998, en Maguncia, las Conferencias Episcopales de Alemania y Colombia facilitaron el acuerdo de ‘Puerta del Cielo’ en el que participaron 40 representantes de la sociedad civil para iniciar el proceso de paz.

El acuerdo no se aplicó por el cambio de gobierno y por el ataque del Eln al oleoducto que destruyó Machuca, que dejó 84 personas calcinadas y varios damnificados. Las acciones terroristas de los elenos no pararon y ello motivó la reacción de los paramilitares con los que se recrudeció el conflicto y no fue posible la zona de despeje en el Magdalena medio para llevar a cabo la convención planteada por el grupo guerrillero.

Las acciones terroristas que motivaron el enfrentamiento con las Auc fueron los secuestros masivos ejecutados por el Eln, como el de un avión con tripulación y 46 pasajeros, el de los asistentes a una misa en una iglesia cerca de Cali y de unos excursionistas en la Ciénaga de El Torno junto a Barranquilla.

En 2002, cuando el entonces presidente Andrés Pastrana intentó retomar los diálogos, el Eln respondió con la voladura de 200 torres de energía. En 2001, secuestró trabajadores de la Oxy en Arauca lo que hizo que la paz se viera nuevamente muy lejos.

Con el gobierno de Álvaro Uribe se llevaron a cabo en La Habana ocho rondas de conversaciones para negociar la base de un Acuerdo, pero cuando llegaron la exigencias de cesar el fuego, las hostilidades, los secuestros y los daños a la infraestructura, hacer una lista de sus integrantes de sus frentes y concentrarse en un solo sitio, los negociadores guerrilleros no aceptaron ninguna de ellas.

Bajo el mandato de Juan Manuel Santos, en 2016, se realizaron 22 rondas de diálogo en Ecuador y Venezuela, se anunció la Agenda y el inicio de la fase pública. El Eln no dejó de asesinar y secuestrar lo que llevó a su aplazamiento hasta 2017 con el arranque de la Mesa en Ecuador en donde se realizaron cuatro ciclos y se logró un cese al fuego bilateral que fue incumplido en 2018 con nuevos ataques terroristas del Eln

Cuando Ecuador dejó de ser garante de los diálogos se reanudaron los ciclos en la Habana, donde se llevaron a acabo dos ciclos. El presidente Iván Duque decidió continuar con la mesa y estaba pendiente de su reactivación para concretar la agenda que contemplaba varios aspectos antes de llegar a la concreción del conflicto armado y un acuerdo de paz.

Esta vez y de manera posiblemente definitiva el Eln cerró las puertas de un acuerdo con el Gobierno con el atentado a la Escuela de Cadetes de Policía General Santander, el asesinato aleve de jóvenes que se preparaban para servir al país, desarmados, inermes y desprevenidos no puede pasar al olvido ni a los archivos de los organismos privados y oficiales de Colombia.