El frío, la delincuencia, las drogas, pero sobre todo la soledad es la realidad que viven decenas de niños habitantes de calle en Bogotá.

Es por esto que el Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud, Idipron, ha centrado sus esfuerzos en ayudar y atender a estos niños y jóvenes que, por diferentes motivos, empezaron a vivir en la droga dejando a un lado sus ilusiones y sueños.

“La importancia ha sido contundente en desinflar la problemática social que tienen que afrontar los niños, porque la gente ve las situaciones de calle, pero detrás de cada vida hay una historia”, indicó Wilfredo Grajales, director del Idipron.

El Idipron cuenta con diferentes estrategias y planes de acción que buscan atender a los menores y jóvenes más vulnerables de la sociedad para ayudarlos a salir adelante y a encaminarse en una vida sana y productiva.

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Publicado por Canal Capital en Domingo, 9 de diciembre de 2018

“Las estrategias de internado, externado y territorio. Los que son vulnerables se atienden en los territorios, los de riesgo en unidades y los que son victimas hay que internarlos. Internados tenemos cerca de 1.300, externados cerca de 5.000 y territorio cerca de 8.000”, comentó Grajales.

Tres historias, una Navidad diferente

Jo Walter

Se escapó de su familia adoptiva en la costa un día que no pudo aguantar más la violencia y el maltrato que vivía dentro de su casa. Tenía 12 años y con unos pocos pesos le pudo pagar a un hombre que viajaba hacia Bogotá.

Así fue como él, siendo niño, cayó en las garras de esta ciudad desafiante que se convertiría desde ese entonces en su nuevo hogar.

“Hay una frase, el alimento de nosotros está en la basura y la basura de otros es la riqueza de nosotros”, comentó Jo Walter, exhabitante de calle.

Estuvo casi 10 años deambulando por las calles, y durante cinco vivió en El Bronx, en donde como él dice, encontró un hogar.

“El Bronx fue mi casa, ese fue mi hogar, encontré amigos, hermanos, padres, madres, abuelos, pero también en el El Bronx estábamos quienes nos aislamos de la sociedad”, narró Jo Walter.

Nunca le ha gustado la navidad pues nunca la vivió con sus seres queridos ni pudo compartir el amor y la felicidad característica de esta época.

“Nunca he compartido con una familia. Para mí un buñuelo era un bareto, el 31 yo sabía que era año nuevo por los disparos. Así celebrábamos nosotros”, añadió.

Cuando intervinieron El Bronx, se alejó de muchos de sus esos amigos que con los años de habían convertido en lo único que tenía. Dejó relaciones atrás y comenzó una nueva vida.

Se desintoxicó y se rehabilitó durante ocho meses y hoy en día tiene otros motivos para levantarse todos los días. Está dedicado al arte y al circo.

Esta será su primera Navidad lejos de la crueldad de las calles y del vicio.

Christian

Christian Rubio encontró en la música la posibilidad de salvarse. Cuenta que desde niño empezaron los problemas en su casa, por lo que considera falta de afecto y atención.

“Los jóvenes sufren de depresión por falta de afecto y uno se estrella solo. Yo desde pequeño me sentía solo”, narra Christian, exhabitante de calle.

Vivió en la calle alrededor de tres años, se refugió en las drogas y perdió el rumbo.

Llegó al Idipron y se enamoró de la música que se convirtió en su pasión, en su cura y en su consuelo.

“Encontré un cobijo, una amor, algo que nunca me iba a dejar solo”, agregó Christian.

Esta será entonces su primera Navidad reencontrándose con su familia y está feliz de haber cambiado la calle y todos sus peligros por una cena al lado de sus seres queridos.

Es así como Christian pasó a una nueva página de su vida, y le dio espacio a que sus sueños, talentos y habilidades le mostraran un nuevo camino.

Wilmer

Wilmer afirma que cometió un error muy grande cuando era joven, pero es un episodio de su vida que quiere dejar atrás. Sin embargo, por ese error le tocó irse de su casa y fue en ese entonces cuando conoció las drogas.

“Empecé consumiendo cigarrillo, después marihuana, y de ahí para adelante todo. Lo que me llevó a coger la droga fue tener que irme de mi casa”, comenta Wilmer.

En esta cadena de errores y tragedias, Wilmer terminó en la cárcel Modelo donde pasó casi cinco años de su vida. Ahí empezó a entender lo que durante años no había querido ver.

“En la cárcel empece una introspección y me di cuenta que habia perdido mi juventud”, afirmó.

Cuando salió de prisión su hermano le habló de los programas del Idipron, se entusiasmó, se rehabilitó y comenzó a estudiar. Hoy sueña con terminar sus estudios y dedicarse a lo que más le gusta: la gastronomía, en especial la panadería.

Hoy se entusiasma con la Navidad que está por llegar, hace galletas de figuras navideñas, las decora y se ilusiona con una nueva vida que con los días se vuelve realidad.

Una nueva oportunidad

Muchos de los niños y jóvenes atendidos por el Idipron podrán pasar esta época de diciembre con sus familias, familias que han logrado volverse a unir luego de recuperar a sus seres queridos de las calles de Bogotá

“Estas fechas de Navidad son muy riesgosas para quienes son vulnerables. Por eso hemos pensado en darles vacaciones como cualquier niño normal e invitarlos de paseo”, comentó Wilfrido Grajales, director de Idipron.

La Navidad está cargada de sentimientos, de reflexión, de nostalgia, de historias vividas y de nuevos comienzos. Estos son solo algunos ejemplos de historias de transformación que nos recuerdan que siempre se puede volver a empezar.

Por: Laura Anzola