Fue una noche histórica. Por primera vez en un estadio colombiano pudimos vivir la modernidad futbolera con el uso de la tecnología VAR, que en Europa, aunque no es perfecta, ya está en una etapa avanzada. Sin embargo, en nuestro continente ha sido un verdadero fiasco.

Era una gran oportunidad para convencernos de una vez por todas que en la FIFA, Sudamérica representada por la CONMEBOL está en el mismo escalón que la UEFA -aunque tan solo fuere en la implementación tecnológica, ya que en la manera de jugar seguimos lejos-, pero volvimos a demostrar nuestro atraso y nuestra folclórica manera de hacer las cosas, que conduce a errores vergonzosos.

Si quisiéramos establecer una escala para medir la diferencia en la ejecución de la tecnología de Video Asistencia Arbitral entre Europa y Sudamérica sería de casi 6 (5,5) a 1: en el mundial de Rusia 2018 el VAR funcionó con 33 cámaras en los estadios, mientras que en El Campín tuvimos solo seis. No es simplemente ubicar las cámaras en las zonas donde se produce un mayor número de jugadas polémicas para cumplir, sino para garantizar la justicia en los casos especiales donde se deba usar, para no incidir en el resultado final de un partido.

Aquí las intenciones son las mismas que allá, pero la ejecución no es correcta.

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Antes del partido y en el mismísimo Campín, la CONMEBOL en cabeza del árbitro brasileño Wilson Seneme realizó una capacitación para explicar la forma en la cual opera el VAR, y un punto fundamental es aquel que reza: "el árbitro tiene la última palabra. Otros oficiales del partido (especialmente el VAR) pueden recomendar una revisión, pero SOLO el árbitro decidirá si tendrá o no una revisión y el resultado de la misma".

La violación a esa regla básica ocurrió en el minuto 76: Arley Rodríguez anotó un gol para Santa Fe que generó la duda sobre su posición legal o en fuera de juego tras un rebote. Los rojos celebraban, el juez de línea no levantó la bandera y dos minutos después, el referí ecuatoriano Roddy Zambrano hizo la señal de anulación de la jugada dibujando con sus manos el rectángulo que indica que el Oficial del VAR le confirmó una posición irregular del delantero cardenal y, con eso, Santa Fe se privó de tener la ventaja en el partido y en la serie de cuartos de final.

¿Dónde estuvo el error? Ni siquiera fue en si estaba o no en fuera de juego, sino en que el árbitro central de la contienda ni siquiera se tomó el tiempo para acercarse al monitor ubicado al lado del campo y revisar la jugada, y simplemente se confió en lo que al parecer le dijeron desde el VAR Room, con lo que la conclusión es clara: la jugada que termina en gol la anuló el Oficial del VAR Raphael Claus (Brasileño), y no el árbitro Zambrano. Craso error, de acuerdo con lo que establece el punto fundamental mencionado, y que obliga al árbitro a tener suficientes elementos de juicio para decidir.

El fútbol como el mundo mismo evoluciona y no estamos en contra de eso, pero lo que nunca debe cambiar es que cuando las cosas se hagan, se hagan bien.

VAR sí, pero con un suficiente número de cámaras que no lo hagan parecer artesanal. VAR sí, pero respetando la base fundamental para la conservación de la naturaleza del fútbol en lo básico: que las decisiones finales las toma el árbitro y no lo que le digan desde un salón. Si vamos a tener tecnología en el fútbol, procuremos que sea completa técnica y reglamentariamente y no como nuestra idiosincrasia suramericana nos educó: todo incompleto, todo a las carreras y al final incumpliendo el objetivo central que es tener justicia en las decisiones. VAR sí, pero no así.

Por: Andrés Villegas.

Director de Deportes.