El voto en blanco es una de las opciones que tiene los ciudadanos además de los aspirantes de los diferentes movimientos y partidos para participar democráticamente en las elecciones.

Según la sentencia C490 del 2011 de la Corte Constitucional, el voto en blanco es una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad con efecto jurídicos.

Es la opción democrática de aquellos que no quieren votar por ninguna de las opciones de candidatos que se presentan en el tarjetón.

Para Juan Cristóbal Restrepo, director de ciencias políticas de la Universidad Javeriana, el voto en blanco es la opción de no votar con ninguno de los candidatos y esa es una expresión de descontento.

La Constitución de Colombia señala que si la mayoría absoluta, es decir el 50% más uno de los votos válidos, son para el voto en blanco, las elecciones deben repetirse con candidatos nuevos en el caso de una elección uninominal, o sin la participación de los partidos que no alcanzaron el umbral, en el caso de una elección plurinominal.

“Tenemos un fenómeno preocupante en la forma de votar de los colombianos. En las elecciones pasadas al Congreso tenemos niveles de entre el cinco y siete por ciento de votación en blanco, lo cual es una expresión ciudadana valida, pero llegamos a tener alrededor del 14% de votos nulos y tarjetones no marcados. Esto muestra que los ciudadanos que no les gustan los candidatos si manifiestan desinterés pero no a través del voto en blanco, sino de la anulación del tarjetón”, indica Camilo Vargas, coordinador de política electoral de la Misión de Observación electoral (MOE).

A partir de la Ley 1475 del 2011, partidos y movimientos políticos con personería jurídica pueden promover el voto en blanco y tienen derecho a que el Estado financie sus campañas mediante reposición de votos si se obtiene la votación necesaria.