Hace cientos de años, desde que se fundó la capital, los habitantes han estado degradando el río Bogotá y los afluentes que desembocan en él. Con el paso del tiempo, este problema se agudizó como consecuencia del crecimiento poblacional e industrial.

Fernando Vásquez, director de la Fundación ‘Al verde vivo”, explica que en el año 1952, Bogotá tenía 800 mil habitantes y desde ese entonces la práctica que se ha dado en el tratamiento al río, es verter a este todas las aguas residuales sin ningún tratamiento, es decir por más de 65 años.

Desde eso momento, el río Bogotá se convirtió en un vertimiento de aguas residuales, dejándolo sin oxígeno, ni vida micro biótica alguna. Este afluente diariamente recibe un aproximado de 800 toneladas de desechos industriales, sólidos y biológicos.

Esa contaminación ha generado un impacto ambiental y un problema de salud pública por los diferentes tóxicos que allí se concentran, como el cadmio, cromo, mercurio, zinc, arsénico y plomo.

Jorge Hernández, profesor de la Universidad de los Andes, explicó que el río representa un riesgo de cáncer para la población por intoxicación por metales pesados o de enfermedades respiratorias porque la contaminación arrasa virus y bacterias, afectando la piel y el sistema gastrointestinal.

Este afluente capitalino que nace en el páramo de Guacheneque, en las proximidades del municipio de Villapinzón, Cundinamarca, pasa por Chía, en un grado 4 de contaminación. Luego en Bogotá, ronda las localidades de Suba, Engativá, Fontibón, Kennedy y Bosa.

Posteriormente pasa por Soacha con un grado 8 y termina en Girardot, donde desemboca en el río Magdalena, finalizando un recorrido de 380 km por 42 municipios.

Néstor Franco, director de la CAR, aseguró que la zona más crítica del río Bogotá es la cuenca media, donde está asentada la ciudad en su costado oriental. En esta zona recibe las aguas residuales de algo más de 9 millones de habitantes de Bogotá y Soacha.